AN y su oportunidad perdida

Escrito por  Ginés Sánchez Dic 31, 2019

El Partido Acción Nacional (PAN) fue el único contrapeso que, bien que mal, tuvo el largo periodo de más de siete décadas de régimen de partido de Estado en México, conformado por reaccionarios a la Revolución mexicana y el sistema que, hay que decirlo, dio al país esas mismas décadas de estabilidad política y paz social, y un progreso acelerado, que en una de sus etapas se conoció en todo el mundo como el milagro mexicano.

Y si bien, y sin que ese fuera su fin mismo, ni darse cuenta, resultaron ser como el patiño que le dio legitimidad al régimen, al darle las herramientas necesarias para la pantalla de una democracia en las urnas, donde el único competidor real era el PRI, y donde los cargos de elección popular se decidían hacia dentro del partido tricolor.

Pero, en fin, el PAN dio una lucha cívica, que en sus orígenes no tuvo poco de loable, y que si bien no desde del gobierno, sí fungió como cierto contrapeso en ese largo periodo, contribuyendo con su parte al largo proceso de transición a una democracia plena, hoy aun inacabado, pero ya en franco y verdadero avance, que se cristalizó en las reformas electorales de 1996, que dieron como fruto los cambios en la correlación de fuerzas en el Congreso a partir de las elecciones intermedias de 1997, en las que el PRI perdió sus, en apariencia, eternas y aplastantes mayorías.

Esto devino en lo impensable: el triunfo de otro partido, en 2000, para ocupar la Presidencia de la República (con el PAN), y su repeticion en 2006, cuando ya de plano se vio que sus prácticas y sus maneras de ejercer el poder no sólo no distaban de todo lo que adolecía el PRI, sino le sumaban el terrible crimen (en política lo es) de la torpeza y la franca ineptitud en las sagradas cuestiones de Estado.

No tuvo que pasar mucho para que los dos exponentes en cuestión, ocupantes de la silla presidencial, sacaran el cobre y traicionaran, no sólo a su país, sino a su partido mismo. Primero Vicente Fox, quien de plano se sumó a la campaña del PRI en 2012, al apoyar abierta y públicamente a Enrique Peña Nieto; seguiría Calderón, quien –es algo ya documentado– también se sumó al candidato priísta en cuestión enviando a una candidata de sacrificio, como Josefina Vázquez Mota, para pagar el favor, de haberle Peña, aun como gobernador del estado de Mexico, transferido cosa de medio millón de votos en 2006 (aprovechando que el priísta Roberto Madrazo no tenía ya oportunidad alguna de triunfo), lo cual le permitió llegar, así haya sido por una vergonzosa puerta trasera, en diciembre de ese año.

No está de más decir que todos estos enjuagues tuvieron como resultado una partidocracia en el poder, acaso con menos contrapesos que en el régimen anterior de partido único; el gatopardismo en su maxima expresión, pues.

Lo que es de llamar la atencion fue que en ningun momento en el PAN hubiera voces que clamaran por lo que sería obvio: la expulsión de estos dos, no sólo en esos momentos, sino aun después, cuando Fox renegó del PAN y cuando Calderón amagó con salirse del partido y al final lo hizo, y llevó con él a su círculo más cercano para la aventura de un minipartido propio.

Esos fueron momentos dorados que el blanquiazul dejó pasar, para verstirse de frac, sacudirse lo que ya se adivinaba como sabandijas, de lo que hoy no queda duda. Sin embargo, la aparentemente solitaria voz de Manuel Espino no fue suficiente: los dos ex presidentes mandaron al diablo al PAN, y no al revés, como hubiese sido lógico y natural. Si ese escenario se hubiera dado, hoy ese partido tendría una fuerza moral, no como para equipararse al Movimiento Regeneracion Nacional (como fenómeno social y como partido), pero cuando menos para no estar así de mermado y sumido cada vez más en el descrédito.

Las oportunidades suelen presentarse una sola vez en la vida; el partido blanquiazul no tiene hoy la oportunidad de expulsar a nadie porque, repito, estos personajes se adelantaron y mandaron al carajo a su propio partido... La improvisación, máxime en política, cuesta muy cara. n