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Banco del Bienestar

Escrito por  Ginés Sánchez Ene 13, 2020

Se ha anunciado en fechas recientes la construcción de una red de infraestructura bancaria para los millones de seres humanos desposeídos que en este país han dejado las políticas neoliberales, adoptadas a rajatabla y bajo dictado de los organismos financieros internacionales, agentes de las grandes potencias y sus trasnacionales.

Este proceso de descomposición dejó de tener diques en los primeros 18 años del siglo 21, con mucho mayor énfasis en los primeros 12, cuando, de plano, se intentó borrar al Estado, convirtiéndolo (no lo puede haber acuñado alguien mejor que el actual presidente) en un comité al servicio de unos cuantos intereses privados, sin escrúpulos ellos.

Bien, a raíz del anuncio de la implementación de la nueva institución financiera del Estado mexicano, una serie de ex funcionarios, incluidos un ex presidente y ex miembros de gabinete, pusieron el grito en el cielo, sacaron sus calculadoras y con mentalidad puramente itamita, es decir con nula visión y dimensión social o de Estado, alegan que “los números no dan, que es un hoyo negro de gasto inútil y absurdo lo que implica la propuesta, que de dónde saldrá el dinero para su implementación, puesta en marcha y operación”.

De inmediato y de manera simultánea, llovió de los personajes de marras una tormenta de soluciones, todas enfocadas a evitar ese referido ya y supuesto “gasto inútil”, por medio de la tecnología. En resumen, se empeñan en que los pobres en México son “el mito genial” del que habló aquel secretario de Hacienda, Pedro Aspe, ahora ya, cuando menos, serían (bajo su lógica tecnócrata) “pobres virtuales”, que por medio de unos pocos clics de computadora o dispositivo móvil, los recursos lleguen a todos ellos. Una pregunta me asalta: ¿por qué, en sus oportunidades como altísimos funcionarios públicos, no aplicaron, siquiera, las propuestas que ahora, no sin soberbia, se atreven a enlistar?

Uno de los motivos por los cuales se decide por una red de infraestructura bancaria física, y no soluciones tecnológicas (para gente que, mucha, no sabe apenas leer), es porque al crearse estas unidades integrales para el bienestar (muchas contarán con instalaciones deportivas y culturales, centros de salud, además de bancarias) es porque simple y sencillamente, en algún otro sexenio, a algún servidor público, con lógica tecnócrata-itamita, se le puede ocurrir la idea de, también, por medio de unos cuantos tecleos virtuales, volver a dejar en el abandono a estos cientos de comunidades, rurales en su mayoría, y no, no se trata de eso, sino de dotarlas de una red bancaria de verdad, y dejar a su vez el compromiso a los siguientes gobiernos de continuar la fluidez de todos los programas sociales de la cuarta transformación, de ir incluyendo a los excluidos, de que no pasen de ser mexicanos de olvido en el mito a marginados virtuales. No, esta red de Bancos del Bienestar va más allá: es parte de la estrategia de reforzar el tan llevado y traído concepto de tejido social.

Para los que piensen que la cuestión tecnológica y digital no se está tomando en cuenta, sólo baste revisar el esfuerzo, encabezado por la CFE, de “Internet para todos”, que también va y va en serio. Basta de tener varios Méxicos, el del norte y el del sur, el tecnologizado y el rupestre, el de distintos colores, el que lo tiene todo desde la cuna y el que, de plano, nace con cero oportunidades, por más que quiera superarse, reduciéndose todo a morir mal y sin nada, o a abandonar su país en busca de mejor horizonte, o de plano a engrosar las filas del crimen organizado, con un final casi cantado: o una muerte temprana y espantosa, o décadas de encierro en una cárcel.

Los Bancos del Bienestar son para que el mexicano olvidado se sienta parte de un mismo país, para tratar de empezar a poner un piso parejo para todos. Todo lo anterior es parte toral del proceso histórico de la cuarta transformación. n