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El corrido y el narcocorrido

Escrito por  Raúl Sendic García Estrada Ene 16, 2020

El corrido es una manifestación cultural mexicana de fuerte arraigo popular; su origen podría estar en los 12 versos mexicas o en el romancero español. A lo largo de la historia  ha sido registro de hechos trascendentales, enfrentamientos, balaceras, levantamientos armados, asonadas militares. Los investigadores Vicente T. Mendoza y Celedonio Martínez Serrano, en su libro El Coyote, lo definen como género épico, trágico, lírico y narrativo. Su construcción va desde la Revolución Mexicana hasta el narcocorrido.

El origen popular del corrido lo define como eminentemente colectivo, con una arraigada tradición oral de los pueblos, que no entra en ninguna clasificación literaria, pero que ha servido como registro histórico.

El corrido puede ir desde norteño a la bola suriana; en sus orígenes, el corrido registró la lucha de Independencia. En el siglo XIX, los corridos circularon en forma de volante, muchos de ellos ilustrados, un medio de comunicación popular. En el Porfiriato y la Revolución Mexicana, trovadores anónimos cantaron en plazas públicas, llevaron noticias de los movimientos zapatistas, carrancistas y villistas, con un fuerte contenido ideológico y de denuncia.

Los corridos de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca son estudiados en diferentes momentos por los antropólogos Gonzalo Aguirre Beltrán y Miguel Ángel Gutiérrez Ávila.

Los corridos costeños registraron hechos históricos de bandoleros, armeros, gambas y brozas, que es el título de un ensayo del doctor Taurino Hernández Moreno. Para la década de los 70 del siglo pasado, los jefes guerrilleros Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, que se habrían levantado en la sierra de Guerrero, tuvieron sus corridos, que fueron interpretados primero de manera clandestina por guitarristas y trovadores, también por el dueto Castillo y Óscar Chávez. Cantar corridos en ese tiempo era sinónimo de subversión y podía constituir un acto de rebeldía.

Cantar corridos en la época de la guerra sucia le costó la libertad a don Rosendo Radilla, quien fue hecho prisionero y desaparecido por el Ejército en un retén militar de la carretera Acapulco-Zihuatanejo.

El corrido se ha transformado y ha sido tocado por la narcocultura; a partir de 1934 se tiene registro del primer narcocorrido, que fue grabado en San Antonio, Texas, compuesto por Manuel Cuéllar Valdez, que se titula Por morfina y cocaína, además de uno de los más representativos que data de los años 40 del siglo pasado, que se titula Carga blanca, que a la fecha continúa siendo popular y que permanece en la memoria colectiva.

El profesor investigador de la Universidad Estatal de San Diego y doctor en Letras Hispanoamericanas por la Universidad de Michigan, Juan Carlos Ramírez Pimienta, en su libro Cantar a los narcos, los define como anónimos Robin Hoods de la frontera que enfrentan la muerte, seres orillados por la pobreza a vivir al margen de la ley, amores malogrados y maldecidos por deudas de dinero y honor, traficantes presos que reniegan de su suerte. Así son algunas de las historias que narran los narcocorridos, un género controvertido –a veces censurado–, que lo mismo suma seguidores que pierde algunos de sus exponentes más importantes por dar voz al enfrentamiento entre cárteles.

¿Qué ha hecho del narcocorrido un género musical tan popular y rentable? Desde sus orígenes, con sus grandes personajes, el furor por cantantes como Chalino Sánchez, Los Tigres del Norte o Los Tucanes de Tijuana, hasta el surgimiento de agrupaciones musicales oaxaqueñas que interpretan narcocorridos, Cantar a los narcos es una interesante invitación a descubrir qué hay detrás de esta música que, sobre todo en épocas de crisis económica, florece y convierte a los traficantes en héroes. Así, más que demonizar a estas producciones musicales, conviene estudiarlas y entenderlas.

El narcotráfico con su mano corruptora ha tocado a la sociedad, que tiene que ver con la violencia criminal, con la corrupción de las autoridades, por los intereses que genera; se compra autoridades y conciencias, participan en políticas y hoy tienen una manifestación cultural; la narcocultura fue definida como una subcultura con valores, formas de vida y comportamientos, actitudes e identidades, que se está insertando como una cultura dominante.

En este camino, el narcotráfico se ha convertido en un status social, en un modo de vida, en toda una cosmovisión, y esta subcultura se encuentra en el seno de una sociedad consumista en la música, en el cine, en la radio y en las redes sociales. n