Veneno estéril

Escrito por  Ginés Sánchez Ene 28, 2020

La teoría denominada Principio de Peter, que en resumidas cuentas afirma que “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”, viene al caso por las recientes declaraciones, en rueda de prensa, del ex alcalde de Acapulco y también ex gobernador de Guerrero, Zeferino Torreblanca Galindo, quien salió a lanzar barbaridades contra la actual alcaldesa y hacia toda autoridad que se le vino a la mente, ya fuera en funciones o no; tuvo el gris, soberbio hasta la comicidad y muy opaco personaje, veneno para casi todos, excepto para el priísta Manuel Añorve, casualmente, no puedo aseverarlo, porque es una suerte de secreto a voces que él lo impulsaba para que fuera su sucesor en la gubernatura, aunque fuera del partido que dijo siempre combatir, emanado él de las filas del PRD; el lobo disfrazado de oveja.

Tampoco, y ahí no es ni tan casual, lastimó con sus obscenidades al actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador; antes al contrario, al mencionarlo siempre lo hizo en tono elogioso, lisonjero y de sobrado respeto, mismo que no le sirve ya de nada (digo le sirve, porque el señor de marras sólo ve por sus intereses personales, siempre), y lo que trata ahora es buscar por enésima vez la alcaldía, misma que ganó sólo en 1999, después de varios frustrados intentos, y que ya después de ser gobernador (2005-2011) se ha bajado de nivel jerárquico, y aquí es donde entra a cuento, como anillo al dedo, la mención del Principio de Peter, porque al tener un desempeño medianamente bueno en la percepción de la gente como presidente municipal, ya como gobernador perdió por completo la brújula, gobernando con la mentalidad de quien administra una miscelánea de barrio, buscando de nuevo dicho cargo, muy afanosamente y con ya dos estrepitosos fracasos al hilo, uno con el PAN, otro con el PT.

En su última participación como candidato, en las elecciones de 2018, el hoy presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, le pidió de manera pública y como candidato puntero en toda encuesta, en un nutridísimo y seguido por todos los medios locales y nacionales mitin en el zócalo porteño, que declinara en favor de la candidata de Morena, la ex síndica y magistrada Adela Román Ocampo.

Al parecer, el señor Torreblanca no se había percatado aún de la fuerza y el arrastre monstruoso de López Obrador en todo el país, y se dio el lujo de desobedecerlo y además tratar de exhibirlo, porque, seamos francos, esa petición suponía una orden sutil y velada para ayudar con ese simple acto simbólico de declinación a que la candidata de su partido pudiera ganar, como a la postre ocurrió, y lo hizo con el lujo de grabar un video y subirlo a sus redes sociales, donde con su antipatía característica daba sus motivos para no hacerse a un lado. El resultado: la señora Román, repito, ganó por buen margen, y Torreblanca quedó en un muy triste y vergonzoso último lugar en las urnas y también en la percepción de los ciudadanos electores.

Trata Zeferino ahora y a todas luces de colarse en Morena; sabe ya, muy tardíamente, de la legitimidad enorme y no vista en muchas décadas en México, de López Obrador, al referirse al Presidente de manera aduladoramente suave. No le servirá de nada: López Obrador debe recordar también que en 2006, siendo ya Zeferino gobernador, fue el primer mandatario estatal en correr a la ciudad de México a levantarle la mano al que con un fraude de escándalo parecía haber ganado, ayudándole, sin duda alguna, a revestir al espurio de un poco de legitimidad, no importándole que viniera de las filas de las antípodas ideológicas del partido al cual le debía todo; “usted y yo somos los hombres que necesita México”, se ha sabido que le dijo en ese momento. Eso lo dice alguien muy enterado de la política nacional y de prestigio sobrado y probado.

Torreblanca suelta veneno y tiene para todos, incluso sin importarle afectar a familias que nada tienen que ver con política, ex aliados y amigos suyos, como la misma Adela Román, que en su momento fue parte de su gobierno en el municipio, y tantos otros que sin ellos no habría llegado a ningún lado; él sigue seguro, en su poca equilibrada psiquis, de que “el PRD ganó por el”, y no al revés, como sin duda alguna fue, que si no fuera así, las últimas dos muy patéticas palizas electorales (en una hasta su señor padre participó en la campaña de un candidato adversario) en los procesos en que participó, simple y sencillamente no se habrían dado.

Enumerar aquí a los actores políticos, personas (incluyendo amigos y familiares cercanos) e instituciones traicionadas por el señor de la Z sería ocioso y aburridamente largo; baste citar mejor, quizás hasta algo en su favor y descargo, al filósofo francés del siglo XVII Francois de la Rochefoucauld, que en sus Máximas morales sentenció: “La traición se comete mucho más por debilidad que por un designio premeditado de traicionar”. Zeferino Torreblanca es un cadáver político insepulto y parlante que debería mejor ahorrarse exhibiciones que más aun lo envilecen, como la reciente y sin sentido rueda de prensa que convocó. n