La Jornada Guerrero - Miércoles, 24 Octubre 2018

Falta camino por recorrer para acabar con la impunidad, sostiene el gobernador

 “No está sola”, le dice el mandatario a Adela Román al rendir en Acapulco su primer informe regional


El gobernador Héctor Astudillo Flores afirmó que en Guerrero “todavía nos hace falta recorrer camino para terminar con actos de impunidad y delincuencia”, pero advirtió que no claudicará en ese esfuerzo por frenar la delincuencia. Al rendir su primer informe regional en Acapulco, donde estuvo acompañado de autoridades civiles y militares, el mandatario señaló que tanto en Acapulco como en la entidad “es ha sido, y ese es, nuestro pendiente”.

“En tres años hemos sido conscientes de la tragedia que viven cientos de familias acapulqueñas, por eso tengo la determinación de no claudicar en esta lucha, ni mucho menos cerrar los ojos ante una realidad que nos duele y nos lastima”, agregó.

“Vamos juntos”, le dice a Adela Román

A la presidenta municipal de Acapulco, Adela Román Ocampo –que gobierna la ciudad donde en los últimos días se ha disparado la violencia–, Astudillo Flores le dedicó una frase, y un compromiso: “no está usted sola; vamos juntos”.

El mandatario insistió en que su gobierno continuará trabajando en coordinación con la Federación y los ayuntamientos de manera unida y coordinada, y también lo hará con la sociedad.

Publicado en Política

Ciertamente la violencia es un problema que lastima las fibras más sensibles de la sociedad. Es causa de profundo dolor, angustia, coraje, indignación, en muchas familias.

Guerrero, hay que reconocerlo, porque cerrar los ojos a una terrible realidad es engañarnos, es un estado con altos índices delictivos, pero también hay que decirlo, en los meses recientes se ha esforzado el gobierno estatal en reducirlos.

Nuestro estado, es preciso puntualizarlo, ha disminuido esos vergonzosos porcentajes de la comisión de delitos y, aunque se diga que no es consuelo, tampoco se vale negar y ocultar lo que se ha avanzado. Es tanta la magnitud de la ola de violencia e inseguridad en todo el país, que particularmente en el caso de Guerrero, casi no se nota la disminución.

El problema de la violencia en Guerrero ha sido utilizado, e incluso manipulado mediáticamente con tendenciosos propósitos políticos, como argumento para acusar que estamos en un estado fallido, primero con Beatriz Mojica, como ex candidata a gobernadora, y ahora la actual senadora Nestora Salgado, ésta alentada por el triunfo arrollador de Andrés Manuel López Obrador, en julio pasado, tanto en el resto del país como en Guerrero.

Como que se ha de tener en la mira al estado de Guerrero para que la izquierda, o específicamente Morena, lo gobierne, ante dos o tres posibles candidatos, entre ellos el también hoy senador Félix Salgado Macedonio, que ha guardado una actitud mesurada o centrada, como lo hizo en su campaña anterior.

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Jueves, 25 Octubre 2018 00:56

Circo, maroma y teatro

Con todo y que las cifras que presentó ayer el delegado en Guerrero del Instituto Nacional de Migración (INM), Jaime Francisco Ramírez Garrido Abreu –que permiten prever un incremento de 25 por ciento, entre el año pasado y éste, en la cifra de guerrenses deportados o repatriados de Estados Unidos a México–, son, por lo menos, preocupantes, el fondo del asunto está en otras coordenadas del mapa político mundial.

Según los datos proporcionados en este puerto por el funcionario federal, el año pasado fueron 16 mil los deportados, y este año su número cerrará en más de 20 mil, pues durante lo que ya ha transcurrido de 2018 los guerrerenses obligados a volver suman 17 mil.

Todos ellos son enviados a Acapulco, por ser ésta la ciudad más grande del estado. Entre ellos hay quienes han vivido en el país del norte desde niños, para quienes el regreso a la tierra natal es aun más difícil y azaroso, pues llegan sin familiares, ni amigos, ni conocidos, sin trabajo, sin una red social de apoyo y sin consuelo. Sería interesante saber qué sucede con ellos desde su llegada a estas tierras sureñas.

En unos casos, cuando fueron llevados más allá de las fronteras, Acapulco era el paraíso que describía de manera muy engañosa la publicidad oficial; tal vez, en otros casos, ya era el infierno que ahora es, si bien no tan ardiente como hoy. Sea como haya sido, todos ahora llegan al escenario de una cruenta guerra entre criminales de organizaciones grandes o pequeñas, de particulares y del gobierno, cada una de las cuales trata de quedarse con un negocio muy lucrativo, por cuyo margen de utilidad bien vale la pena poner en juego la vida y atentar contra la de los demás.

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