La Jornada Guerrero - Domingo, 29 Julio 2018
Lunes, 30 Julio 2018 00:07

¡Qué vivan los pueblos originarios!

No es bien visto desde muchos gobiernos, que sean respetados los derechos de los pueblos originarios, que se les haya dado una legalidad, que no era pedida pero sí necesaria, para establecer un marco de respeto ante el embate de procesos casi irrefrenables de políticas entreguistas o de menosprecio. El tema de las policías comunitarias podría tornarse complejo aunque hay que reconocer diversos puntos a considerar, incluso el propio gobierno estadunidense a través de la USAID tiene su propio modelo de “policía comunitaria”, así con esa denominación, que busca desde hace años sea considerado en e norte del país. Está por otro lado la policía comunitaria de los pueblos que acompaña las labores del comisario municipal, en el sistema de cargos antiguo de las poblaciones rurales.

Sin embargo es de destacarse los casos de la Policía Comunitaria de la Crac-PC de Guerrero, surgida en los 90 después de los procesos reivindicativos encabezados por liderazgos indígenas y en la marejada que vino con el levantamiento zapatista. Ya muchas veces se ha mencionado que frente a las violaciones, abigeatos, abusos  policiales que ocurrían en los caminos, las comunitarias lograron brindar el territorio frenar los crímenes y detallar su proceso de impartición y procuración de justicia, algo que no es bien visto desde el sistema tradicional que mantiene en apariencia el monopolio de la seguridad pública y por políticos en turno como lo dije al principio.

La Policía Comunitaria no es perfecta sin embargo constituye un ejemplo que de ser respetado por los gobiernos y también por la ciudadanía representa un modelo único de protección para las comunidades. Sí, desde hace algunos años han surgido autodefensas, de alguna manera  como ocurrió con Michoacán, dejando aparte los ejemplos de Cherán y de Ostula que tienen un esquema de mayor soporte y significancia en sus comunidades, en Guerrero también fueron surgiendo grupos en la Costa Chica, en la región Centro, Costa Grande, la Sierra.

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Lunes, 30 Julio 2018 00:06

Daño por partida doble

Si no fuera porque se trata en realidad de una tragedia, lo que sucede en Tierra Caliente con la empresa Femsa y su producto insignia bien podría pasar por comedia. Es, parafraseando a Gabriel García Márquez, una increíble y triste historia.

Como saben los entendidos, la bebida estrella de Femsa contiene al menos dos ingredientes muy adictivos, si bien de consumo legal: la cafeína, que sirve de estimulante del sistema nervioso, y la glucosa, que constituye el combustible de las células del consumidor, el insumo preferido por las neuronas.

Quien ha desarrollado el gusto por esa bebida ha de saber cuánto cuesta privarse de ella. Eso es porque es adictiva: hay que ingerirla para sentirse bien, para que no duela la cabeza, para recuperar el estado de alerta en la vigilia y liberar energía para acometer inifinidad de actividades.

Se trata de una adicción, sin duda alguna, de esas que pueden ser superadas con facilidad, pero no por ello inocua, sobre todo por los azúcares, pues su consumo excesivo ha llevado a México a liderar la lista de países con más obesidad y sobrepeso, condiciones ambas que derivan en males crónicos cuya atención y cuyo tratamiento cuesta miles de millones de pesos a las arcas públicas.

Pues bien, si en algún momento se argumentó que la empresa se aprovechaba de esa adicción para aumentar sus ganancias, ahora –a partir de lo que ocurre en Tierra Caliente– puede decirse que son delincuentes los que le sacan provecho.

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