La Jornada Guerrero - Miércoles, 23 Enero 2019
Jueves, 24 Enero 2019 00:25

Cambio: dolor de parto

Si de manera personal nos cuesta –y hasta nos duele– cambiar de juicios y actitudes que hemos practicado durante años ante nuestros familiares, amigos y ante la vida misma, imaginémonos lo difícil que resulta cambiar un régimen de gobierno en donde resultan afectados millones de personas con sus propios juicios y actitudes respecto a temas de interés colectivo.

Los cambios duelen incluso cuando se cambia para bien. Tomemos el caso de una persona que ha dedicado su vida a las fiestas, a la parranda, y por consiguiente al alcohol, y que hay un punto en que sabe que debe cambiar antes que llegue una catástrofe a su vida; de entrada, la simple decisión es muy difícil, y cambiar en los hechos lo es más.

No es fácil dejar las prácticas que siempre creímos que eran cosa natural, cotidiana y hasta necesaria. Llegamos a amar eso que nos daña y que en lugar de acercarnos a la familia y a la propia sociedad, nos alejaba, y por eso mismo surgió la necesidad del cambio.

La transición es difícil, pero una vez del otro lado nos damos cuenta que sí vale la pena.

Lo mismo ocurre hoy en el ámbito nacional en donde los mexicanos estuvimos –y seguimos– acostumbrados durante décadas a ser parte de un sistema en el cual prevalecieron prácticas que, vistas desde el exterior, son propias de bárbaros, de habitantes de la selva, en donde sobrevive el más fuerte, el más corrupto, el que sabe engañar, el que viola las leyes y el que permite que se violen las leyes.

“El que no tranza no avanza” es una de las frases que se acuñaron y que presumimos como identidad del mexicano. Hasta aquí ha llegado nuestro cinismo.

Recientemente nos escandalizamos porque vimos a un presunto ladrón que llevó a su pequeña hija a robar un establecimiento. Está bien que nos escandalicemos pero, ¿acaso no hemos dado malos ejemplos a nuestros hijos también? Desde que les ordenamos: “Dile que no estoy”, los estamos enseñando a mentir; cuando nos estacionamos en lugares para gente con discapacidad, les estamos enseñando a no respetar. Y así, podríamos dar más ejemplos de una sociedad corrompida a la que pertenecemos y de la cual nos espantamos.

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Jueves, 24 Enero 2019 00:24

Consejas populares

Se acumulan las acusaciones contra el ex diputado local y hoy delegado único del gobierno federal en Guerrero, Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, o contra integrantes de su grupo cercano de Morena que lo apoyan.

No es cualquier ciudadano el que acusa. Este martes lo hizo el secretario general de su partido en el estado, Marcial Rodríguez Saldaña, pero ya antes lo había hecho la diputada local Erika Valencia Cardona, entre otras personas que, por su relación de militancia política, deberían estar de su lado, pero no lo están.

El doctor Rodríguez Saldaña denunció que el ex dirigente estatal morenista está detrás del censo irregular de los programas de la Secretaría de Bienestar que un allegado de Sandoval Ballesteros –el ex militante Ignacio Meneses Hernández– lleva a cabo a pesar de haber sido sancionado por ello.

Un diario local ha documentado, incluso con fotografía en portada, que adultos mayores se presentan en el Centro de Capacitación y Formación Política de Morena en Acapulco, es decir una oficina partidista, a solicitar que los inscriban en los programas de la dependencia federal.

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