La Jornada Guerrero - Lunes, 11 Noviembre 2019
Martes, 12 Noviembre 2019 00:00

Cuidado: hay deseos que se conceden

La semana pasada, las cámaras legislativas aprobaron, sin mayores contratiempos, la nueva ley para la revocación de mandato presidencial. Al ser una modificación constitucional, pasa a los congresos locales para culminar el proceso legislativo correspondiente y su final publicación en el Diario Oficial de la Federación, para su entrada en vigencia.

Si bien los supuestos previstos en el proyecto de ley: firma de 3 por ciento de la lista nominal en la solicitud para el comienzo del proceso, más la posterior participacion de 40 por ciento de la misma, nunca se deben olvidar los caprichosos azares de la política, y paradójicamente viene esta ley a consumarse en una franca crisis (la primera) del lopezobradorismo en el poder; “se empodera a las mexicanas y los mexicanos, ante la piedra angular del sistema político mexicano. El Presidente no será más intocable”, son algunas de las frases que oímos del líder en la Cámara de Diputados, Mario Delgado, de Morena. Bien hasta ahi, o en apariencia.

Reza un dicho popular que “hay que tener cuidado con los deseos, que a veces pueden convertirse en realidad”, y es que este nuevo escenario (para el que esto escribe, innecesario) puede llegar a convertirse en un incentivo para la muy perversa ultraderecha, capaz de cualquier barbaridad con tal de ver a Andrés Manuel López Obrador en la lona, y de ser posible, fracasado, fuera de la Presidencia, o incluso, hay que decirlo, sin vida.

De todos los hechos negativos que han cimbrado a la opinión pública nacional e internacional, desde Tlahuelilpan hasta el caso LeBarón, ¿quién puede garantizar que no hay una mano negra desestabilizadora del proyecto de nación de López Obrador y del país mismo? Nadie.

De hecho, es más posible de lo que la mayoría pudiera llegar a pensar, ya lo han demostrado por años: con tal de descarrilar a López Obrador, hoy ya presidente, son capaces de todo. La –ya por ley– posibilidad de revocacion de mandato no hará más que llenar de ilusiones (y combustible) a estos personajes de la más negra oscuridad política mexicana; el inicio, o más bien incremento, de un torpedeo brutal, por todos los frentes posibles, a la institución más importante, piedra angular por muchas décadas, de nuestro sistema político, como es la Presidencia de la República. Su socavación está ya en la mira, y esta nueva ley conseguirá que lo esté aun más.

No puedo sino evocar a James Cameron, el Reino Unido y la consulta para el Brexit; nunca se calculó un resultado como el que se dio, ni en las encuestas más alocadas. Sin embargo, el saldo ya lo conocemos: se puso en vilo a aquella potencia mundial y a la viabilidad de la Unión Europea misma, sin ninguna necesidad más que el aplauso populista fácil, de propios y extraños, para Cameron; nada pudo salirle peor.

No vaya a acabar siendo, y esto aún lo veo como un escenario casi imposible, dado el aún impresionante capital político de que goza el Presidente, que este periodo presidencial sea el primero en casi un siglo que no sea un sexenio (desde Lázaro Cárdenas), sino que sea de un trienio, y es que ya sucedió una ocasion lo impensable: en 2006 ganó un personaje que un año antes sólo figuraba en una encuesta, y lo hacía en el lugar 19; su nombre: Felipe Calderón Hinojosa. Acabó llegando a la Presidencia.

 

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Para reflexionar: ya que andamos en temas de manos oscuras que mecen la cuna, ¿sería imposible que el señor Beltrones le esté moviendo el tapete al secretario de Seguridad Pública federal, Alfonso Durazo? Hay ya demasiadas coincidencias; la crisis del actual gobierno pasa, fundamentalmente, por la cuestión de la seguridad pública, y casualmente Durazo se perfilaría como muy probable candidato a la gubernatura de Sonora, donde otra vez, casualmente, sucedieron los escalofriantes hechos de los crímenes contra la familia LeBarón... algo para, siquiera, detenerse a meditar un poco. n

 

Publicado en Artículo
Lunes, 11 Noviembre 2019 23:58

Desplazados, los invisibles del sistema

El caso de las familias que cumplieron ayer un año de haber sido expulsadas por la violencia de sus comunidades ubicadas en la región serrana, para asentarse en la cabecera municipal de Leonardo Bravo, refleja la falta de voluntad del gobierno y su incapacidad para garantizar su regreso a sus lugares de origen.

Si familiares de los desaparecidos se quejan de la falta de apoyo gubernamental para dar con el paradero de sus seres queridos, los desplazados no corren con mejor suerte.

Unos y otros se ubican en la misma frecuencia: la desatención oficial, las promesas incumplidas, la angustia, el dolor, el sufrimiento, las carencias e incomodidades, la incertidumbre y un futuro incierto, por no decir más.

Eran 600 las familias que tuvieron que salir huyendo de la sierra.

Más de 20 se trasladaron a Estados Unidos para pedir asilo político, según declaración de Manuel Olivares, defensor de derechos humanos.

Otras se han dispersado hacia otros estados de la República, y sólo 70 permanecen en Chichihualco en espera de que el gobierno les garantice el retorno a sus hogares.

No son los únicos.

En un hotel de Tecpan, más de 180 familias se encuentran hacinadas luego de que abandonaron sus viviendas en Cuatro Cruces y Chilacayote, en el municipio de Ajuchitlán; Palos Altos y Linda Vista, de San Miguel Totolapan; Pie de la Cuesta, de Atoyac, y Bajitos, de la Laguna de Tecpan.

La violencia los obligó a salir, a algunos en 2013; la policía del estado los escoltó; funcionarios estatales los alojaron en un hotel y los olvidaron, acusa Pablo Angulo Rojas, su representante.

En este contexto, cuando menos 15 comunidades de la Tierra Caliente, entre Coyuca de Catalán y Ajuchitlán, están convertidas en pueblos fantasma porque la inseguridad y la violencia obligaron a sus habitantes a salir, han reconocido los respectivos alcaldes, Eusebio Echeverría Tabares y Hugo Vega Hernández.

Sobre el tema, un informe elaborado por la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) revela que en 2018 hubo en Guerrero 5 mil 56 personas desplazadas por la violencia, dato difundido por la prensa nacional.

La representante del Centro de Derechos Humanos Tepoztlán Víctor Urquidi, Clara Jusidman, advirtió que el tema de desplazamiento forzado interno, minimizado por la autoridad, ha adquirido vigencia muy grande debido al efecto de la violencia y la colusión perversa entre autoridades, crimen organizado y empresas que buscan apoderarse de territorios naturales y minerales, así como para emprender obra pública y nuevos negocios.

En un encuentro en los primeros días de septiembre en Acapulco, el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación federal, Alejandro Encinas Rodríguez, recalcó que el principal reto del fenómeno del desplazamiento forzado de personas es restituir las garantías de trabajo, seguridad y desarrollo en las comunidades de origen de los afectados, así como su reintegración.

Recalcó que para ello, el Estado debe garantizar la seguridad y recuperar el espacio que ha sido ocupado por grupos delictivos. Aseguró que el desplazamiento forzado representa un enorme reto por enfrentar en Guerrero y que el gobierno federal se propuso incorporar el tema de desplazamiento forzado en la agenda de la seguridad nacional.

Pero hasta ahí. Muchas palabras, cero acciones.

Ningún ámbito de gobierno ha atendido el problema más allá del discurso. No hay opciones para los desplazados. El problema se ha minimizado, sostiene Clara Jusidman; se ha invisibilizado, admite Encinas.

Y así sigue.

Nadie los ve, ni los oye. n

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