La Jornada Guerrero - Jueves, 05 Diciembre 2019
Jueves, 05 Diciembre 2019 22:49

Los imprescindibles

Los imprescindibles es el libro que recién presentó su autor, Víctor Cardona Galindo, en el cual el cronista de la ciudad de Atoyac elabora un perfil biográfico de 13 personajes del municipio que por igual participaron como guerrilleros en los años 70 del siglo pasado y fueron luchadores sociales y simpatizantes de los movimientos armados.

Combinando la tradición oral y la investigación documental, en el libro Los imprescindibles se busca explicar el movimiento político que concluyó con la matanza del 18 de mayo de 1967 en la ciudad de Atoyac; las líneas históricas que se plantean en este caso son la estructura en la construcción en el estado del Partido Comunista Mexicano, el movimiento de la Asociación Cívica Guerrerense, la formación que se daba a los estudiantes en las escuelas normales rurales del país y la tradición de lucha que ha tenido el pueblo de Atoyac.

A finales de los años 60, el municipio de Atoyac vivió una alta marginación con 32 mil habitantes dispersos en comunidades de la sierra que no contaban con carreteras, ni energía eléctrica, ni centros de salud. El contexto histórico del poder económico y político local se basaba en los cacicazgos y en los acaparadores. La matanza la originó la cerrazón política y la represión a las disidencias por un hecho tan simple como el que la directora de una escuela primaria exigiera aportaciones y uniformes nuevos a los alumnos.

Entre los personajes que vivieron en Atoyac se encuentra el doctor Antonio Palós Palma, coronel y médico del Ejército Republicano Español, que llegó a México expulsado por el gobierno de Venezuela, por haberse inmiscuido en el movimiento que encabezaba el jefe guerrillero Douglas Bravo.

El doctor Antonio Palós Palma, un hombre de cultura amplia, fiel a sus ideas, con formación en la Unión Soviética y un gran humanista y revolucionario, fue asesor militar de Lucio Cabañas y regaló al movimiento dos pistolas Star españolas calibre 22.

Carmelo Cortés Castro fue militante del Partido de los Pobres y dirigente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, nacido el 16 de julio de 1942; su actividad política y revolucionaria ha sido registrada en varios libros, entre ellos La guerrilla en Guerrero, de José Arturo Gallegos Nájera; Carmelo Cortés Castro y la guerrilla urbana, de Agustín Evangelista, y Carmelo Cortés Castro y su lucha, escrito por Simón Hipólito.

En el texto también se escribe la historia del teniente zapatista Petronilo Castro Hernández, insurrecto contra la dictadura de Porfirio Díaz y quien desde los 11 años acompañó a sus padres en las justas revolucionarias participando en las tropas zapatistas y en los movimientos agrarios en las costas de Guerrero al lado de Silvestre Castro García (El Ciruelo) y de Feliciano Radilla.

Martín Nario Organez fue combatiente del Partido de los Pobres, murió el 8 de septiembre de 1974 y su cuerpo fue rescatado y reconocido por la Comisión de la Verdad el 12 de marzo de 2014, cuando personal de esa instancia, encabezado por Nicomedes Fuentes García, lo localizó; luego fue identificado plenamente por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal e investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Carlos Ceballos Loya, guerrillero originario de Mexicali, Baja California, aparece como personaje de la novela La guerra de Galio, de Héctor Aguilar Camín, con el pseudónimo de Santiago; militó en varios grupos armados y junto con Carmelo Cortés ejecutó espectacular fuga en la cárcel de Chilpancingo el 20 de agosto de 1972.

Florentino Loza Patiño, el guerrillero poeta, del Partido de los Pobres y de las Fuerzas Armadas para la Liberación, fue desaparecido en Oaxaca por la Dirección Federal de Seguridad.

La maestra Hilda Flores Solís, profesora ligada a la historia reciente del pueblo de Atoyac y los movimientos democráticos y revolucionarios.

Como un homenaje a Octaviano Santiago Dionicio, se describe su vida desde su juventud, su participación en la lucha democrática en la universidad, en el movimiento estudiantil, el movimiento urbano popular, su vida como preso político, su incansable lucha por la presentación de los desaparecidos y la atención a las víctimas de la guerra sucia.

El trabajo de Víctor Cardona Galindo rescata la construcción histórica y la tradición oral de los pueblos costeños con personajes locales, pero de amplia trascendencia que hoy se encuentran reunidos en un texto imprescindible para entender la historia del municipio de Atoyac y del estado de Guerrero en los años 60 y 70. n

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Jueves, 05 Diciembre 2019 22:48

Gobernadores al banquillo

Será interesante conocer el reporte que sobre la participación de gobernadores en combate a la inseguridad ofreció difundir este fin de semana el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Los constantes informes sobre enfrentamientos de la Policía Estatal con grupos delincuenciales y la asistencia del gobernador Héctor Astudillo Flores a la Mesa de Coordinación Estatal para la Construcción de la Paz reflejan una visión de que el gobierno estatal trabaja en este rubro.

¿Qué tanto?

Habrá que conocer sus responsabilidades en la materia; se sabe que del gobernador depende la Policía Estatal, cuyas funciones se relacionan con la prevención del delito y enfrentar los actos delictivos en el momento en que se cometen.

La persecución, la ejecución de órdenes de aprehensión y someter a proceso a los detenidos es juridicción de la Fiscalía General del Estado (FGE), para lo cual cuenta con la Policía Ministerial, peritos y agentes del Ministerio Público.

La FGE, como se sabe, es un órgano autónomo, independiente del Poder Ejecutivo; es decir que en teoría actúa bajo su propia responsabilidad, sin rendir cuentas al gobernador, como parte del Sistema de Justicia Penal Acusatorio.

No obstante, eso no se ha terminado de comprender, y con frecuencia la gente termina responsabilizando al gobernador de la inseguridad y la impunidad prevalecientes.

Astudillo Flores, como gobernador que es, es responsable de cuanto ocurre en la entidad. Muy cierto. Pero comparten con él la responsabilidad en este aspecto la FGE y los ayuntamientos.

Es función de los ayuntamientos prevenir el delito; si hay prevención, no tiene por qué haber violencia; y si la hay es porque fallan las alcaldías;  entran ahí la FGE y el gobierno federal para investigar, detener y procesar a los infractores. También han fracasado.

Por eso resulta de interés conocer cómo califica el gobierno federal al gobernador, pero también debería evaluar y exhibir tanto a la FGE como a los alcaldes, muchos de los cuales, como acusó Astudillo Flores, no asisten a las sesiones de la Mesa de Coordinación Estatal para la Construcción de la Paz, pero “luego, cuando tienen problemas, son los primeros que nos están llamando para que nosotros vayamos”.

En cuanto a la Fiscalía, ahí está el reporte de la organización Impunidad Cero que, citando cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, señala que 96 por ciento de los homicidios dolosos en Guerrero quedan impunes.

Otro dato: el índice de desempeño de las procuradurías y fiscalías 2019, que las evalúa desde hace tres años por la implementación del Sistema de Justicia Penal Acusatorio, coloca a Guerrero en el penúltimo lugar nacional, con 35.3 por ciento de efectividad en el cumplimiento de las órdenes de aprehensión, contra la media nacional de 57.9 por ciento.

¿Irán a cargar al gobernador los fiascos de la Fiscalía y la pasividad de los alcaldes? n

Publicado en Editorial

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