La Jornada Guerrero - Miércoles, 13 Febrero 2019
Jueves, 14 Febrero 2019 00:46

Guardia Nacional para Guerrero

En el poder Legislativo, al igual que en los círculos políticos y académicos, y hasta en los cafés, donde algunos ilusos pretenden arreglar, a su manera, este mundo revuelto, hay un debate intenso sobre la polémica Guardia Nacional, propuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador para acabar con la violencia y la inseguridad en el país.

La discusión se ha centrado en si la Guardia Nacional debe tener un mando militar o civil y por cuánto tiempo existirá como instrumento del Estado mexicano para combatir la delincuencia, que –hay que reconocerlo– ha alcanzado niveles escalofriantes tanto por el número de muertes que cobra todos los días como por el salvajismo con el que actúan los malosos.

Mientras el debate sube de intensidad, la muerte, que tiene permiso para hacer de las suyas, cada minuto, en algún lugar del país, está presente. Algunos ingenuos pensaron que con la llegada del gobierno de la llamada Cuarta Transformación (4T), como por arte de magia y gracias al embrujo lopezobradorista, los homicidios iban a desaparecer de la faz del territorio azteca… una verdadera tontería. Guerrero –ya se sabe– es uno de los estados más afectados por la escalofriante espiral de violencia y muerte, a pesar del papel que ha asumido el gobernador Héctor Astudillo Flores con responsabilidad y determinación, rol que el mismísimo Andrés Manuel López Obrador le reconoció públicamente en su más reciente visita a Guerrero, la semana pasada.

Ojalá ese reconocimiento pasara de las palabras presidenciales a los hechos, de tal modo que la coordinación interinstitucional de los gobiernos concretamente federal y estatal se redoblara para hacer mejor frente a ese flagelo.

Por lo pronto, está previsto reforzar, en días próximos, la acción antidelincuencia desde Chilpancingo, Chilapa, Acapulco y Zihuatanejo, para lo cual seguramente el titular del Ejecutivo guerrerense tuvo que hacer gestiones ante la Federación, como lo hizo con el programa del fertilizante.

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Jueves, 14 Febrero 2019 00:45

Acción tardía

Muy tarde” llega a las víctimas indirectas de la guerra sucia el plan federal para reparar el daño causado a partir de que sus familiares fueron desaparecidos por el Ejército en los años 60 y 70 del siglo pasado, señaló ayer Micaela Cabañas Ayala, hija del jefe guerrillero Lucio Cabañas Barrientos, cuya lucha armada en la sierra de Atoyac sirvió de pretexto al gobierno mexicano de entonces para emprender un ataque indiscriminado contra la población civil de ese municipio y sus circunvecinos, que consideraba base social del movimiento.

“Muy tarde” porque, a lo largo de los 40 años que han transcurrido desde entonces, muchas de esas víctimas indirectas ya murieron mientras esperaban saber qué fue de sus seres amados, si por fortuna alguno habría supervivido la dura circunstancia de caer en manos del Ejército de entonces; y si murió, dónde quedaron sus restos.

El Ejército entonces estaba al servicio de un régimen de opresión, soberano en su discurso, pero en los hechos plegado a los dictados del gobierno de Estados Unidos, que veía el mundo a través del prisma de la guerra fría que mantenía con la Unión Soviética por la supremacía bélica e ideológica mundial. Y la orden imperial era destruir y eliminar todo rastro de cualquier movimiento reivindicatorio que guardara alguna afinidad ideológica o política con el gran enemigo del imperio yanqui.

Por eso el objetivo era no sólo aniquilar los movimientos guerrilleros que pululaban por todo el país, el urbano y el rural, sino acabar también con sus bases sociales, que los alimentaban con combatientes, abastecimientos, refugio y otros recursos. Esa circunstancia marcó el destino de la población de Guerrero y, en particular, de Atoyac.

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