La Jornada Guerrero - Domingo, 02 Febrero 2020
Domingo, 02 Febrero 2020 23:55

Justo Sierra y la autonomía universitaria

La autonomía es un principio que no se debe soslayar. Los universitarios hemos de tener siempre presente su relevancia, para frenar los intentos del poder político de controlar la inteligencia; esas pretensiones son parte de la naturaleza misma del poder.

Recordemos que el modelo de universidad pública mexicano actual tiene como antecedente la iniciativa de Justo Sierra de principios del siglo pasado. En su proyecto de legislación del 26 de abril de 1910, el entonces ministro de Instrucción Pública concebía una universidad independiente del Estado, nacional, con sus propias atribuciones y sostenida con los recursos del gobierno, sin que esto mermara su autonomía. Sería, en cierto modo, un departamento del Ejecutivo, porque no podría fungir como un cuarto poder.

Así, el Ejecutivo intervendría al definir y reglamentar las atribuciones de las autoridades universitarias, y en el mismo mecanismo interior de la institución, al designar al director de la universidad, pero sólo con la aprobación del Congreso. Podría también reformar los planes de estudio y vetar a su parecer las reformas aprobadas por el director y el Consejo Universitario.

En cierta manera, según lo argumentado por los críticos de la época, la idea de Justo Sierra caía en cierta contradicción, al pretender crear una universidad independiente, pero sostenida perpetuamente por los fondos del gobierno y con una intervención clara del Ejecutivo en sus asuntos internos. Según el mismo mentor, el gobierno y la universidad deberían de dirigir sus órbitas, aunque diferentes, al mismo ideal. Por tanto, la “intervención inofensiva” del Estado en la universidad sería solamente una inspección, que el gobierno debe ejercer sobre un cuerpo que trabaja de manera conjunta con él en la búsqueda de un fin común.

La universidad no podría subsistir sin el sostén del Estado, según argumentaba el mismo Justo Sierra, por lo que no sería factible privar al Estado de la intervención en la universidad, que se referiría sólo a los medios que utilizara el cuerpo universitario para lograr los fines conjuntos de la universidad con el Estado.

La Universidad que buscaba crear Justo Sierra no era una resurrección de la antigua universidad pontificia, orientada principalmente a formar los individuos que necesitaba el clero. La nueva institución debería ser todo lo contrario, completamente laica, pues la ciencia es laica, y la universidad no debería tener más fines ni bases que la ciencia misma; debería fungir como el coronamiento de un gran sistema de educación, debería edificarse sobre una educación primaria y secundaria sólida y eficaz, en la que se educara a la nación, al pueblo, y sería un servicio público de primera importancia, que se mantendría bajo la tutela del Estado.

La universidad, entonces, no controlaría la educación primaria, pero dentro del Consejo Universitario habrá representación de la instrucción primaria, del mismo director, pues si la instrucción primaria es la base de toda educación superior, la universidad no puede permanecer ajena a las cuestiones de la educación básica, y qué mejor vía para informarse que por medio del mismo director.

La universidad no debería ser regenteada directamente por el gobierno, porque la enseñanza superior, basada en la ciencia, no debe tener más leyes ni límites que los de la ciencia misma, es decir el método, aspectos que quedan fuera del alcance del gobierno. Sin embargo, la universidad podría dictar sus leyes propias, dirigirse autónomamente, y referidas solamente a su dirección científica.

La escuela de educación superior de la nación habría de encargarse de formar a las personas más sabias del país, a doctores que se encargaran de aportar grandes avances a la ciencia, cuyos conocimientos sirvieran para la difusión y el progreso de la cultura y de la ciencia en nuestro país y en todo el mundo; universitarios de gran prestigio, que se vieran motivados por la posibilidad de cursar estudios en el extranjero como aliciente a su esfuerzo, y que después tuvieran el compromiso de compartir su sapiencia con toda la comunidad universitaria, y de esta manera con el pueblo de México, en beneficio de la nación.

Justo Sierra buscaba crear una institución que fuera aceptada, apreciada y reconocida por toda la nación mexicana, que fuera un símbolo del progreso de nuestro país, con miras hacia una mejor calidad de vida para todos. n

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Domingo, 02 Febrero 2020 23:53

Fabricando delincuentes

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) hizo un llamado a las autoridades educativas de todo el país a no implementar operativos de revisión que atenten contra la dignidad de los estudiantes; ratificó su posición de considerar el Operativo Mochila como revisión que atenta contra la dignidad.

Desde luego que revisar la mochila al niño al ingreso a la escuela constituye un atentado a su dignidad, puesto que, desde ese momento, se le está ubicando, sin fundamento legal alguno, como sospechoso de esconder un arma o alguna sustancia prohibida.

No sería la primera vez que aplican el programa en Guerrero. En ocasiones anteriores, muy pocas han sido las veces que han hallado alguna navaja o un objeto punzocortante; por cada objeto prohibido que descubren pisotean el honor de cientos o miles de menores.

Intentan suavizar la humillación incluyendo la participación de padres de familia, lo que resulta peor porque los progenitores están avalando con su presencia y aprobación la probabilidad de que sus hijos lleven algo indebido oculto.

En vez de ocuparse en exhibir a los pequeños como posibles infractores, mejor sería que la autoridad se dedicara a orientar a los padres sobre cómo educar en casa a los hijos, pues su comportamiento depende de la enseñanza y ejemplo que reciban en el hogar; pero, claro, operar, por ejemplo, programas con esta tendencia no sería tan espectacular como la revisión de las mochilas.

Hechos como el del estudiante de 11 años de edad de una escuela privada de Torreón, Coahuila, que disparó contra varios, mató a una maestra y se suicidó, es claro que son resultado de la desintegración familiar, situación que no se previene revisando mochilas, sino educando a los padres, que sería una solución de fondo, no un acto de exhibicionismo que proyecta la idea de que se está trabajando.

Los delincuentes no están entre los pequeños escolapios; están entre los adolescentes y adultos en las calles, en las guaridas de malhechores, en los penales incluso, pero es obvio que para que las autoridades lo entiendan también requieren que alguien las eduque a fin de que, así, se dediquen a trabajar realmente en vez de aparentar que están trabajando. n

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