La Jornada Guerrero - Miércoles, 27 Mayo 2020
Jueves, 28 Mayo 2020 02:39

Futuro incierto

Cuando el gobierno estatal resiente ya la asfixia económica derivada del Covid-19, que toca ya sus pulmones, llega como bocanada de aire fresco el anuncio del presidente Andrés Manuel López Obrador respecto a que la Secretaría de Hacienda entregará a estados recursos de fondo de contingencia.

El gobernador Héctor Astudillo Flores ha declarado que su administración ha gastado 600 millones de pesos no programados, al mismo tiempo que el secretario de Salud estatal, Carlos de la Peña Pintos, advertía que escasean los recursos para insumos médicos, y el Congreso local, en esta misma trama, exhortaba a la Secretaría del Bienestar y a la de Hacienda y Crédito Público (SHCP) a que flexibilicen el uso de las partidas del Ramo 33 a fin de asignar el 20 por ciento de ellos a insumos médicos y para paliar las necesidades más elementales de la población afectada por el virus.

López Obrador informó este miércoles que existe un fondo de contingencia para estabilizar presupuestalmente a los estados de 60 mil millones de pesos y que la SHCP entregará  estos recursos.

¿Cuándo? No especificó, pero aseguró que ya.

Ahora bien, ¿serán suficientes esos recursos para reponer los 600 millones de pesos de que ha dispuesto la administración estatal sin haber estado previstos para este efecto, así como para cubrir los gastos que sigan generándose durante la pandemia?

De no ser así, el gobierno astudillista tendrá que hacer frente a una nueva crisis.

Con un presupuesto anual de por sí ya limitado y con los ingresos propios disminuidos a raíz de la paralización de la economía, entre las opciones que aparecen a la vista para salir del atolladero, figuran: endeudarse más, subir impuestos y pedir el adelanto de las participaciones federales.

Cualquiera de ellas acarreará a la entidad convulsiones sociales y más rezago en todos los órdenes.

Eso es en lo que concierne al gobierno estatal, pero ¿qué hay del sector privado?

Si el estado está metido en una camisa de fuerza por sus restricciones monetarias y el empresariado concentrará su esfuerzo en rescatar sus negocios, el resultado será poca o nula inversión y una cauda de consecuencias funestas, entre las que sobresaldrán  el desempleo y con ello el disparo de la economía informal, servicios públicos de menor calidad y menos comida en los hogares.

El panorama de la clase empresarial se torna negro, pues  evidentemente de plano no tendrá más que sujetarse de la soga que le lance el gobierno estatal, -cuyo apoyo no podría ir más allá de la labor de gestoría ante instituciones crediticias-, puesto que el federal no está dispuesto a darle la mano.

“Si han de quebrar, que quiebren”, ha sentenciado.

Eso, visto así, en el actual escenario en el que, de acuerdo con la visión de Astudillo Flores, la pandemia presenta un crecimiento exponencial, es decir, crece cada vez más rápidamente, mientras que, de acuerdo con la alcaldesa Adela Román Ocampo, “la gente se comporta como si estuviera de vacaciones y piensa que puede hacer lo que le viene en gana”, a lo que De la Peña Pintos añade que los contagiados han empezado a saturar los hospitales. n

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