Desde que se hizo usual la instalación de sistemas de alarma de sismo, que avisan con más o menos anticipación a los habitantes de centros de población acerca de la inminencia de un terremoto, para que se pongan a salvo, en Acapulco las autoridades la vieron como artilugio innecesario, dada la ubicación geográfica del puerto: muy cerca de la orilla oriental de la placa de Cocos, lo cual lo hace más que proclive a los movimientos telúricos.

El razonamiento que los gobernantes han seguido para no instalar una red de alerta generalizada es que, si el epicentro del sismo es Acapulco mismo o un sitio muy cercano, el desembolso por el sistema no sería inversión, sino gasto, porque la alarma sonaría al mismo tiempo que se sentiría el remezón del movimiento de tierra, algo así como sucedió en la Ciudad de México el 19 de septiembre.

Sólo unas cuantas instituciones, de manera acertada, no siguieron esa línea de razonamiento, e instalaron alarmas, si bien para un reducido número de personas, porque –como ya quedó demostrado en los tres sismos recién ocurridos, el 7, el 19 y el 23 de septiembre– no todos los que sacuden a Acapulco tienen su epicentro en el puerto o cerca de él.

Archivo

« Marzo 2020 »
Lun Mar Mier Jue Vie Sáb Dom
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31