Es ya insostenible el caso del alcalde de Chilpancingo, Marco Antonio Leyva Mena, pues su actuación es evidentemente del dominio público los graves desaciertos y su alertada negligencia en el desempeño de su delicada tarea; pues sería suficiente invocar a lo recientemente ocurrido con la presidenta del Consejo General del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Guerrero, Marisela Reyes Reyes, quien se vio obligada a presentar su renuncia antes de pasar por la experiencia de ser destituida vergonzosamente.

El grave deterioro de la administración municipal ha venido trastocando severamente la buena imagen de las instituciones, rebasando los límites a tal grado de que la opinión pública reclama el relevo inmediato.

El problema se ha mantenido de manera ascendente, no existen evidencias de hacerle frente, por el contrario, cada día se agudiza más; pues tal es el caso del asunto de la basura, que en las últimas semanas, por las diversas calles y avenidas se observan grandes montículos de desechos sólidos, dando una lamentable imagen de una ciudad abandonada e insalubre.

Si fuera por razones de nepotismo, como ocurrió con Reyes Reyes, seguramente ya se hubiese ido del cargo, pues existen señalamientos de que tiene en nómina a parientes de diversos grados, y si pudiese haber algún asomo de pasión y entrega al puesto, hubiera integrado de tiempo completo a su esposa a las tareas del DIF, evitando el comentario ciudadano de mantenerla en su jugoso empleo de la Sagarpa, justo en el área de las finanzas. En el caso de un esmerado comportamiento del orden administrativo y político interno, ha dado mucho qué desear, ya que han sido incontables los movimientos de inconformidad de los trabajadores del ayuntamiento, quienes hasta ayer mantenían tomado el palacio municipal, con sobrada justificación.

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