Antes, las expectativas sobre la afluencia turística se cifraban en promociones. Hoy en día, pretextando el Covid-19, se cimientan en deseos y esperanzas.

Cuando se hizo el balance de la afluencia en Semana Santa, el gobierno informó que aun cuando más de 300 mil turistas arribaron a los destinos turísticos de Guerrero, “no fue la cantidad deseada”.

¿Y cuántos visitantes deseaba la autoridad que vinieran?

¿Con base en qué?

De por sí nunca, en ningún año, ha habido promoción alguna para esa temporada.

La gente, nacional toda, viene sobre todo por dos razones: por la cercanía de Guerrero a su lugar de origen, y porque la entidad tiene precios y tarifas al alcance de todos los bolsillos.

Un dato curioso que compartió el secretario de Turismo, Ernesto Rodríguez Escalona: a los condominios, casas y tiempos compartidos arribaron 96 mil 850 visitantes.

Es de suponerse que el procedimiento que utilizan para conocer los porcentajes de ocupación en hoteles –todo un enigma, por cierto– podría ser el mismo para medir los condominios y las unidades de tiempo compartido, pero ¿cuál aplican en el caso de las casas que rentan al paseante si ni siquiera se sabe dónde se ubican, razón por la que el fisco no ha podido meterlas al orden?

Rodríguez Escalona consideró que la cifra de turistas no fueron las esperadas, pero, dijo, hubo sobrecupo en las playas de Guerrero.

Si los pocos que vinieron causaron sobrecupo, ¿qué habría pasado entonces si hubiera venido la cantidad que deseaban?

¿Dónde los habrían metido?

Y si la afluencia de Semana Santa no satisfizo las expectativas oficiales debido, según arguyen, a la pandemia, aterra imaginar cuál será la que haya después de terminada la de Pascua.

La de las vacaciones escolares de verano era la que antes seguía al rosario de las esperanzas, pero ahora con la pandemia es la incertidumbre la que campea, y turisteros y población –sobre todo la que directa o indirectamente depende del turismo– tendrán que sujetarse a lo que produzcan los fines de semana largos y los normales hasta que lleguen las fiestas decembrinas.

Por ahora, habrá que atenerse a la declaración de Rodríguez Escalona, cuando expresa su esperanza de que en los próximos días aumente la afluencia de paseantes.

¿Qué pasaría si decayera la esperanza? n

Es lugar común decir que del trato que da una sociedad a ciertos sectores de sus integrantes puede inferirse con relativa exactitud su nivel de civilización. Así, se hace referencia a las personas privadas de su libertad y recluidas en un centro penitenciario por haber cometido algún delito; de los niños (los que están en situación de calle y los que viven en familia); de los animales (esos sí, en situación de calle), y una lista más o menos larga de conjuntos de seres vivos y hasta de objetos inanimados.

Del trato que la sociedad da a cada sector se deduce cuán civilizada está.

A riesgo de abusar de ese lugar común, es pertinente esta vez hacer referencia a los gatos que sobreviven en Acapulco, a propósito de una información difundida ayer por la asociación Patitas Felices, según la cual este año ha esterilizado a 36 ejemplares, apoyada en donaciones, acción que constituye su contribución al objetivo de impedir que los felinos proliferen en la ciudad, con toda la carga que ello podría implicar para el sistema sanitario que atiende a los ciudadanos.

Es pertinente recordar que en enero de 2018, hace poco más de tres años, la Dirección de Salud del ayuntamiento calculó en 93 mi 700 el número de estos animales en estado semisalvaje en las calles de la ciudad.

Comparadas así las cifras, los 36 ejemplares esterilizados en tres meses por la mencionada asociación constituirían una cantidad ínfima, que en casi nada alivia el problema de la proliferación de felinos. Por supuesto, la labor de esa y otras asociaciones de ciudadanos preocupados por el bienestar de los animales es digna de todo reconocimiento y debería ser motivo de todo tipo de apoyo oficial.

De hecho, debería ser el gobierno el que tuviera a su cargo esta tarea, y debería emprenderla a gran escala, como la situación lo amerita. Pero esto se avizora imposible mientras las autoridades mantengan sus objetivos presupuestales en metas que no se ajustan a las necesidades de todos los integrantes de la nación, entre los cuales los animales deberían contar, y mucho. n

Cuatro años y nueve meses fueron suficientes para que tronara el Sistema Integral de Transporte Acabús.

Echado a andar el 25 de junio de 2016, el 20 de enero de 2021 fue concesionado por el gobierno estatal a la empresa Autobuses Metropolitanos GR, con la condición –entre otras– de que el concesionario sea el único responsable de obtener el financiamiento necesario para garantizar la operación del sistema, adquirir autobuses nuevos, pagar el crédito de los existentes, así como cubrir el adeudo a proveedores y mantener la tarifa actual de 10 pesos al pasajero durante 2021.

El tiempo dio la razón a los concesionarios de las anteriores líneas de transporte urbano que fueron absorbidos por el Acabús como socios, en el sentido de que, así como estaba, el sistema no funcionaría.

El Acabús tuvo un mal parto. Según el estudio de movilidad hecho en su momento, transportaría 130 mil usuarios diarios, pero llegó a mover 93 mil en los días de mayor afluencia, lo que implicó menores ingresos a los esperados, que condujo a la insolvencia económica.

Desde un principio no respetó la frecuencia de paso, que era de 10 minutos, además de no mover al grueso de usuarios proyectado, y ahora con la pandemia fue incapaz de hacer respetar la sana distancia, porque las unidades fueron parando poco a poco en el taller por averías, donde fueron quedando arronzadas.

Se llegó a tal situación que, según información del Ejecutivo estatal, el gobierno tuvo que destinar cada mes hasta 8 millones de pesos para evitar su quiebra, con el resultado descrito.

Algo habrá que reconocer a la administración actual: puso en marcha el sistema a pesar de que no era un proyecto suyo. Lo heredó de la anterior administración y, en vez de sepultarlo, como regularmente se hace en los cambios de gobierno con los planes del antecesor, el de Héctor Astudillo Flores lo echó a andar.

Varias veces, esgrimiendo diferentes argumentos, se había pospuesto su operación en el régimen anterior, de tal manera que ya la población daba por perdido el plan.

No fue así.

Astudillo Flores lo recibió y lo hizo rodar.

De esta manera, se redujo considerablemente el parque vehicular en la ciudad, que saturaba las calles haciéndolas insuficientes y haciendo lento el tránsito vehicular.

No había, ni la hay, la comodidad prometida, porque la mayoría de los pasajeros viaja de pie en los autobuses vinculados –los popularmente llamados gusanos, que se mueven del Retorno al Zócalo y viceversa–, pero en recompensa, los traslados son tan rápidos que el usuario tarda más esperando la unidad en la estación que realizando el recorrido a su destino.

No es lo único.

Se había prometido a la población que el servicio duraría hasta las 12 de la noche: lo suspenden antes de las 11. Los día feriados no circulan. Nunca se habló de eso. Los domingos paran antes de las 10, lo que tampoco estaba en el programa.

Justo es reconocer, por otra parte, que con el Acabús la población ha obtenido un trato de los operadores y demás personal que nunca se había tenido: atento, respetuoso, digno.

Es deseable que, con el cambio, se pague al usuario lo que se le ha quedado a deber y se le había prometido. n

La alcaldesa de Acapulco, Adela Román Ocampo, dio –según boletín del día 1º de abril– el banderazo a los trabajos de limpieza de canales, cauces, arroyos, ríos y desarenadores, para prevenir incidencias durante la temporada de lluvias y huracanes 2021, que comienza a mediados de mayo.

De llevarse a cabo los trabajos de manera ininterrumpida hasta concluirse, no habrá más que aplaudirle a la primera autoridad del puerto, porque, en otras temporadas, estas labores han comenzado en plenas lluvias y no se llegan a terminar.

Afortunadamente, para las autoridades y la población, en las más recientes temporadas han sido poco abundantes sin causar  mayores problemas.

Si otros años el trabajo se ha hecho en modo tardío, esta vez limpieza y desazolve han empezado 45 días antes de que empiece a llover.

Ahora bien, un punto es que empiezan ya las labores y otro distinto es que las lleven a cabo de manera eficiente y correcta.

Si se limpia bien o mal los canales, puede apreciarse perfectamente desde la cercanía, pero no ocurre así con el drenaje.

Es sabido que algunos alcaldes desazolvan un canal, y el siguiente, no; pero reportan todo como desazolvado. La verdad sale a relucir en los momentos de los aguaceros, cuando muchas de las atarjeas se transforman en fuentes que elevan el agua sucia sobre la superficie.

Si algún funcionario municipal o uno federal hace un recorrido por el río de La Sabana, podrá percatarse sin esfuerzo alguno de que el cauce se encuentra azolvado.

Ni la temporada pasada, ni la antepasada, lo limpiaron.

Piedras, lodo, tierra, arena, árboles y abundante vegetación, se extienden a lo largo y ancho del afluente.

Habrá que recordar que el huracán Pauline en 1997 y el Ingrid en convegencia con la tormenta Manuel en 2013, inundaron aproximadamente 15 colonias asentadas en las cercanías del río.

Es cierto que numerosas viviendas fueron construidas al borde del cauce, pero muchas se sitúan retiradas hasta un kilómetro o más.

Uno de los factores que influyó en el desbordamiento del río fue, precisamente, el hecho de que estaba azolvado.

Es de desearse que la experiencia no se repita. n

El arranque de campañas de candidatos a diputados resaltó un detalle muy llamativo: aspirantes carecen de la menor idea de la función de los legisladores o mienten con toda la intención de engañar a los electores con tal de allegarse votos.

Así, los más, comenzaron a ofrecer obras que más bien corresponde ejecutar a alcaldes o al gobernador, porque son ellos los que manejan recursos.

Sucede que los candidatos están conscientes de que si se concretan a prometer elaboración de leyes, a fiscalizar recursos públicos y a llevar a cabo labor de gestoría, que es lo que básicamente les compete, no van a llamar la atención de los ciudadanos, por lo que optan por comprometerse a conceder beneficios que están fuera de su alcance.

Habrá que reconocer que entre los candidatos no falta alguno que centra su ofrecimiento en mejorías de fondo y con viabilidad, que permitirían salir a flote no a un distrito, no a un sector, sino al estado completo.

Es el caso de Ramiro Jaimes Gómez que, postulado por el PAN, busca representar al distrito 21, ubicado en la zona Norte.

Se pronuncia Jaimes Gómez por la creación desde el Congreso estatal de un fondo de ayuda emergente para el rescate de la economía de los guerrerenses.

Ni siquiera uno de los candidatos a gobernador ha planteado algo así.

En las palabras de Jaimes Gómez está la respuesta al clamor empresarial de crear mecanismos que los ayude a superar la actual crisis generada por el coronavirus.

Una medida, claro está, que si beneficia a los empresarios, también ayuda a los guerrerenses con empleos y al gobierno con el pago de impuestos y derechos.

El candidato no se queda ahí: pugna, asimismo, por una “profunda legislación en materia de inversión pública y privada. Necesitamos ampliar las capacidades del poder público y de la iniciativa privada para que, ante esta situación económica tan difícil, se instrumente estrategias de coordinación que impulsen de manera más eficaz el desarrollo económico del estado de Guerrero”.

Va, pues, más allá del regalo de láminas, depósitos de agua o despensas para obtener votos.

Sus propuestas merecen ser tomadas en cuenta. n

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