En los círculos políticos se menciona que Zeferino Torreblanca Galindo puede ser el candidato que postule el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) para la presidencia municipal de Acapulco.

Las especulaciones en ese sentido tienen su origen en el hecho de que Morena y el ex alcalde porteño y ex gobernador ya han tenido acercamientos.

Aunque a Torreblanca Galindo se le ubica como un político de derecha, el hecho es que está apoyando al dirigente nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador, para que llegue a la Presidencia de la República.

Se sabe que las pláticas que ha sostenido con importantes empresarios de Acapulco tienen un avance muy importante.

Las bases de Morena no lo quieren. No nos alcanzaría el espacio para mencionar nombres de los ultras de izquierda que no lo aceptan, pero para el conocimiento de su hígado, bilis, páncreas y vísceras, todas las indagaciones que se han hecho incluyendo al Partido Revolucionario Institucional (PRI), Torreblanca Galindo va a la cabeza de todos, seguido muy de cerca por Julieta Fernández Márquez, esposa del ex alcalde de Acapulco y ex diputado Manuel Añorve Baños; si acaso la diferencia será de un punto.

Desde que se hizo usual la instalación de sistemas de alarma de sismo, que avisan con más o menos anticipación a los habitantes de centros de población acerca de la inminencia de un terremoto, para que se pongan a salvo, en Acapulco las autoridades la vieron como artilugio innecesario, dada la ubicación geográfica del puerto: muy cerca de la orilla oriental de la placa de Cocos, lo cual lo hace más que proclive a los movimientos telúricos.

El razonamiento que los gobernantes han seguido para no instalar una red de alerta generalizada es que, si el epicentro del sismo es Acapulco mismo o un sitio muy cercano, el desembolso por el sistema no sería inversión, sino gasto, porque la alarma sonaría al mismo tiempo que se sentiría el remezón del movimiento de tierra, algo así como sucedió en la Ciudad de México el 19 de septiembre.

Sólo unas cuantas instituciones, de manera acertada, no siguieron esa línea de razonamiento, e instalaron alarmas, si bien para un reducido número de personas, porque –como ya quedó demostrado en los tres sismos recién ocurridos, el 7, el 19 y el 23 de septiembre– no todos los que sacuden a Acapulco tienen su epicentro en el puerto o cerca de él.

Son las crisis, como la que implica el sismo de este 19, las que generan reacciones inusitadas, que en otro estado difícilmente ocurrirían.

Superada la perplejidad provocada por la sacudida de la corteza terrestre y avanzadas las tareas de rescate, cundió en redes sociales el reclamo generalizado en el sentido de que los partidos políticos aporten 20 por ciento de los recursos asignados para campañas electorales para resarcir los daños sufridos por los damnificados.

Mientras en las redes sociales la exigencia corría muro por muro, inbox por inbox, invitando a compartir y recolectando firmas de respaldo, un silencio sepulcral se extendió entre la clase política.

Intempestivamente, el dirigente nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador, respondió al llamado ofreciendo 20 por ciento de los recursos; después, buen rato después, obligados por la indignación y el reclamo popular, otros partidos ofrecieron entregar determinados porcentajes, entre ellos el PRI, 25 por ciento; el Panal, 6 por ciento.

Mas Andrés Manuel López Obrador les salió al paso para comprometerse a entregar 50 por ciento.

Tormentas muy fuertes con puntuales intensas (75 a 150 mm) en Michoacán y Guerrero; y tormentas fuertes con puntuales muy fuertes (50 a 75 mm) en Nayarit, Jalisco y Colima.


Fuente:

Servicio Meteorológico Nacional

Enojo Social

Feb 26, 2020

La historia se repite, no cabe duda. Los proyectiles y los improperios lanzados contra el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, cuando recorría una instalación colapsada en el centro de la Ciudad de México, un día después del sismo de este 19 de septiembre, traen a la memoria no sólo el terremoto que en la misma fecha, pero hace 32 años, sacudió la capital del país con saldo de al menos 10 mil muertos, sino también un incidente ocurrido 10 años antes de esa infausta ocasión.

En las postrimerías de su mandato, el 14 de marzo de 1975, el entonces presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez, protagonizó un penoso y peligroso incidente al visitar la UNAM para inaugurar el semestre lectivo y, de paso, congraciarse con la comunidad universitaria que, desde mucho antes y hasta ahora, lo ha señalado como el autor intelectual de la matanza del 2 de octubre de 1968 –cuando era secretario de Gobernación– y de ordenar la matanza de estudiantes el 10 de junio de 1971 en el Jueves de Corpus.

Los ánimos se empezaron a caldear cuando un grupo de estudiantes que acababa de manifestarse en la explanada de Rectoría llegó al auditorio Salvador Allende de la facultad de Medicina y empezó a lanzar primero consignas, luego insultos y, finalmente, proyectiles contra el entonces “jefe de las instituciones mexicanas”, como solían referirse al Presidente en el programa dominical La Hora Nacional.

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