Verdad oculta

Abr 19, 2021

¿Se conocerá algún día la verdad respecto a los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos el 26 y el 27 de septiembre de 2014?

A 28 meses de haber comenzado la actual administración federal, los datos sobre las investigaciones se siguen soltando a cuentagotas.

Este 25, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) informó que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) ocultó información a las autoridades que se encargaban de investigar el caso de la desaparición forzada de los jóvenes de la escuela normal rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa.

Nada nuevo.

Lo revelado por la CNDH sólo refuerza las acusaciones que desde un principio se han venido formulando contra efectivos del Ejército.

La primera impresión que se capta de la manera en que los responsables están llevando el caso es de que le están dando largas y que la idea es que los padres de los muchachos se cansen y desistan de su propósito.

La verdad sea dicha, los señores han venido bajando el ritmo a sus protestas y parecen agotados, enfocando básicamente su atención a lo que les ha venido informando la Federación.

Se muestran impacientes y desalentados de los reportes que les hacen llegar.

Si el peso del Estado no ha sido suficiente para llegar al fondo en casi dos años y medio y los culpables continúan gozando de tranquilidad y libertad, podría significar que lo que queda a la actual gestión no será suficiente para resolver la tragedia.

El 5 de julio de 2020, la Presidencia de la República consideró que “ya se tienen elementos suficientes para saber sobre la desaparición de los jóvenes de Ayotzinapa”.

Eso ocurrió hace casi ocho meses.

¿Dónde está la verdad?

¿Por qué los culpables no han pisado la cárcel?

Resaltó entonces la Presidencia que “será muy interesante conocer la verdad sobre la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, algo que nos ha dolido mucho, algo que tiene que ver con la corrupción y con la impunidad que operaba”.

Pues sigue habiendo dolor, continúa teniendo que ver la corrupción y cabalga aún en caballo de hacienda la impunidad.

Mientras en la cancha opuesta, la desesperanza e incluso el fastidio campean entre los padres, que se encuentran en un extremo del túnel sin atisbar la luz en el otro.

La retórica oficial predomina sobre los resultados. n

Si bien es cierto que la positividad es valorada como una gran virtud en el crecimiento humano, que tiende a ver el lado bueno de cada situación o circunstancia que se presenta en la vida, no menos cierto es que también constituye una actitud que deberá estar sostenida en la realidad para que sea viable.

Si no es así, no pasa de ser un deseo convertido en un castillo construido en el aire que, ante la primera ventisca, cae desmoronado.

Así, si se hablara de querer suprimir la pobreza sin destinar presupuesto para ello o sin armar programas que conlleven a lograr este objetivo, por ejemplo, sencillamente no funcionaría.

Viene al caso la expresión del secretario de Turismo federal, Miguel Torruco Marqués, al inaugurar el Tianguis Turístico: “La actividad turística saldrá fortalecida de la crisis ocasionada por la pandemia del Covid-19”.

Como buena intención, un deseo positivo, pasa la prueba, pero no como un hecho probable porque el funcionario no dio soporte a sus palabras.

¿Por qué habría de creérsele si no presentó programa alguno? ¿En qué fundamentó su anuncio?

Torruco Marqués se ha distinguido como un funcionario gris, sin luces, que nada ha hecho por Guerrero.

En el Tianguis centró su discurso en la digitalización de la actividad turística; apuntó que la digitalización del sector es ya una realidad, y se verá reforzada con nuevas estrategias promocionales, “las cuales serán lanzadas una vez que se normalice la situación sanitaria en el mundo”.

¿Y cuándo será eso si no se sabe cuándo terminará la pandemia?

Ni un oasis se otea en el desierto.

Habrá que recordar sus declaraciones del 19 de abril de 2019: “Acapulco se prepara para un gran despegue en materia turística”.

Mencionó como fundamental rehabilitar el Centro de Convenciones de Acapulco; incluso, aseguró que había ya interesados en invertir en el remozamiento de la instalación.

El anuncio, en esa ocasión, estaba cimentado pero sobre la arena, afianzado con pura hojarasca: se desmoronó.

Se fue a pique.

Transcurridos dos años y meses del gobierno federal, los planes quedaron convertidos en palabrerío propio de los demagogos.

Ni el gobierno federal, ni el gobierno estatal, ni el gobierno municipal, meten mano en el sector como no sea para pronunciar floridos discursos impregnados de positividad y un futuro halagüeño, que se estrellan contra la realidad.

Todos dicen trabajar, pero no hay resultados. n

Casi sin asomo de duda puede anticiparse que después de la temporada vacacional de Semana Santa habrá un repunte en los contagios del Covid-19 en el estado, pues para que no los hubiera, los habitantes de los destinos turísticos deberían hacer su vida en condiciones parecidas a las de un laboratorio.

Eso, obvio, es imposible, pues quienes trabajan en el sector turístico deben convivir –de seguro muy a su pesar– con visitantes llegados de otras ciudades del país, donde las circunstancias de la pandemia son peores que en Guerrero. Y esos trabajadores, después de la jornada laboral, conviven con sus familiares y sus vecinos. Es punto menos que imposible que un virus tan contagioso como el SARS-CoV-2 no halle una vía para pasar de una persona a otra en esas condiciones, aunque se extremen todas las precauciones habidas y se inventen otras.

Eso, sin contar con las nuevas variantes del microorganismo, que son aun más contagiosas. Pero las autoridades están conscientes de eso. Sin embargo, saben bien que si no hay reactivación económica, los resultados en vidas y en costos sociales pueden ser similares. La cuestión es hallar el punto de equilibrio entre economía y enfermedad.

Hoteleros de Zihuatanejo reportan que tienen reservaciones de 30 por ciento para la Semana Santa y de 15 por ciento para la Semana de Pascua, pero esperan más turistas, pues muchos –como siempre ha sido– llegan sin avisar. Los de Acapulco prevén una ocupación de 40 por ciento. Los visitantes son un riesgo de contagio, sí, pero también representan el ingreso económico de muchas familias y, por tanto, su alimentación y hasta su sobrevivencia.

Así seguirá siendo hasta que, merced a la vacunación, la velocidad de expansión del virus y sus cepas entren en una dinámica de disminución sostenida, y luego remita de plano, lo cual no significa que desaparecerá de la faz de la Tierra, sino que quedará bajo control de los sistemas de salud del mundo.

La vacunación se acelerará conforme los países productores de vacunas terminen de inocular a sus habitantes y dispongan del medicamento suficiente para entregarlo a las naciones que no las producen.

Eso ocurrirá dentro de unos meses, este mismo año. n

segurar desde ahora que las campañas relacionadas con la gubernatura del estado serán suaves, aterciopeladas, sin fricciones de los candidatos, como hasta ahora, sería resbalar fácilmente en el terreno de los falsos augurios.

El ser humano es más emocional que racional, aseguran los neurocientíficos.

Hasta ahora se ha expresado el razonamiento en ambas partes; la cabeza fría, tranquila; los nervios en su sitio, y ausente el estrés que desgasta, perturba y hasta derrumba.

No han aflorado aún las emociones.

Si se tratara de un combate boxístico, podría decirse que los pugilistas ejecutan rounds de sombra y estudian al contendiente.

Si bien hasta ahora, a 20 días de comenzado el periodo de campaña, los candidatos han actuado en modo prudente, cauto y respetuoso, todavía faltan más de 60 días por recorrer antes de llegar a las urnas, y en ese tramo fácilmente pueden desbordarse los ánimos.

Los pronunciamientos de los contendientes más visibles han girado en torno a no caer en acusaciones y ataques al adversario.

Visto así el panorama, se observa un horizonte de armonía, paz, amor y abrazos.

No obstante, pronto se pondrá a prueba la templanza cuando, en abril, se lleve a cabo el primer debate público, y luego en mayo, el segundo, previstos como parte del proceso electoral.

¿Cuál será la temática a desarrollar en la confrontación?

¿Pandemia? ¿Seguridad? ¿Economía? ¿Campo? ¿Turismo? ¿Gobernabilidad?

Temas todos de rigor, de actualidad, ineludibles, que conducirán necesariamente a críticas contra el gobierno federal y el estatal.

Cada uno de los aspirantes buscará ganar puntos y mantenerse o colocarse, según el caso, en las preferencias electorales.

¿Mantendrán vigente su propósito y compromiso inicial de evitar señalamientos que al otro le parezcan infundados y motiven el contragolpe?

Ahora que, mantener el respeto mutuo y la civilidad durante la campaña no sólo depende de los candidatos, ni de las cúpulas partidistas, sino que incluye a los grupos de partidarios y simpatizantes.

Si, en los últimos días de campaña, se llega a manejar la versión de un supuesto empate entre candidatos o uno de ellos asegura ir arriba, ¿prevalecerá la mesura y la serenidad?

Hace días, el PRI-PRD sostenía ubicarse a 10 puntos de Morena y aliados; hoy en día sostiene que ya empató.

Morena rechaza.

Es, pues, una lucha sin tregua, no un paseo por el zócalo. n

Nada alentador se vislumbra el panorama para el gobierno estatal que sucederá al que encabeza el priísta Héctor Astudillo Flores, emane del partido que sea.

El golpe que ha asestado la pandemia en salud y economía, lo mismo que en el aspecto laboral, ha sido demoledor.

El Covid-19 no ha llegado a su fin; si bien el hecho de estar en semáforo amarillo alienta un poco la economía, no hay condiciones para hablar de una pronta recuperación.

Según especialistas en la materia, será en este 2021 cuando se comenzará a sufrir las consecuencias económicas de que se hayan cerrado, en el periodo marzo-junio de 2020, más de 375 hoteles, 587 restaurantes y 669 establecimientos turísticos, como discotecas, bares, agencias de viajes, artesanías, joyerías, centros recreativos; de que se hayan suspendido 66 congresos y convenciones, 17 vuelos nacionales y 19 vuelos internacionales, ocho cruceros al puerto de Acapulco; el que se haya dejado de recibir 2.6 millones de turistas; se hayan perdido 15 mil empleos formales y cerca de 40 mil empleos informales.

Si bien en 2020 hubo recortes presupuestales por más de 400 millones de pesos y se gastaron más de 800 millones no previstos, en el combate a la pandemia, el ejercicio fiscal 2020-2021 tendrá una reducción de casi 700 millones de pesos, según advirtió en octubre pasado el secretario de Finanzas y Administración, Tulio Pérez Calvo, al advertir que 2021 sería un año históricamente complicado, replicando el vaticinio de Astudillo Flores.

Ya en diciembre de 2019, el mandatario –lejos de imaginarse lo que le esperaba a Guerrero a partir de marzo de 2020 con el arribo del Covid-19– advertía la importancia de que “quienes administran recursos públicos se preparen para gastar menos, pero además ser meticulosos en el manejo de los recursos”.

El virus y el problema económico, lo admitió el mismo gobernador más tarde, vino a colocar a Guerrero en una encrucijada.

Y en esa encrucijada parece estar metido y así lo encontrará el sucesor, razón de más para que los candidatos a gobernador, sobre todo los que cuentan con mayores posibilidades de ganar, sean cuidadosos con sus compromisos de campaña en el aspecto presupuestal, puesto que si el vencedor queda a deber estando ya en el gobierno, el desencanto y la frustración de la sociedad se le pueden revertir a él y a su partido. n

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