¿Qué no se ha hecho bien en el combate al coronavirus? ¿Quién ha fallado?

Guerrero, únicamente con Guanajuato, comienzan este día con semáforo rojo, que significa el máximo riesgo de contagio.

Suman 21 los estados en naranja y ocho en amarillo.

Ahora habría que ver qué medidas pondrán en marcha para alcanzar el próximo día 28 el color naranja.

¿Cuáles son los elementos que toma en cuenta el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) para determinar el color del semáforo?

A saber: el porcentaje de ocupación de camas en terapia intensiva, porcentaje de casos positivos de coronavirus; tendencia de camas ocupadas y tendencia de casos positivos.

A los gobiernos, al parecer, se les han agotado las ideas para enfrentar al virus.

Como resultado vienen las ocurrencias, como la campaña de colocarse bien el cubreboca y aplicar el operativo Acapulco, puerto seguro, que nada tiene que ver ni con la seguridad ni con la pandemia, sino con un recorrido por varios rumbos de la ciudad para observar el funcionamiento de los servicios públicos.

Ni duda cabe: usar correctamente el cubreboca es importante, porque no hacerlo puede ser fuente de contagio, según los expertos, pero ¿dedicarle toda una campaña solamente a ese detalle cuando, por otro lado, podrían encauzar su energía en obligar a los transportistas a usar la mascarilla y aplicar la sana distancia?

Si parte de la población ha sido renuente a aplicar los protocolos sanitarios, también los gobiernos lo han sido para aterrizarlos en sus servicios.

Luego, entonces, ¿cómo podrían acusar a los reacios de expandir la pandemia?

Está bien seguir llamando a la población a respetar las medidas sanitarias, ni duda cabe, pero complementariamente deberían hacer lo mismo con los sectores a los que no han tocado.

Se oye con frecuencia el anuncio de la actuación más rigurosa para reducir los contagios, pero no se ven las nuevas medidas.

Los operativos policíacos-militares en las playas que con tanta espectacularidad se han anunciado y que califican de exitosos, no van más allá de retirar de la franja de arena a los turistas después de las 5 de la tarde.

¿Qué ha hecho Chiapas para llegar al semáforo verde?

¿Y los demás, para cambiar a naranja?

¿En Guerrero no se puede hacer lo que los demás han hecho?

Cierto, la actividad turística auspicia la expansión de contagios, pero entonces… ¿No se puede? ¿Así vamos a estar? ¿Con anuncios de más rigor, pero con iguales resultados? n

No deja de ser lamentable el hecho de que, para hacer oír sus demandas y obtener los satisfactores a sus necesidades, la población recurra al bloqueo de vialidades.

Sí, lamentable, porque con su protesta los inconformes no dañan en lo mínimo a las autoridades destinatarias de su movimiento, sino lesionan a la misma población; golpean, pues, al mismo sector al que pertenecen.

Siendo pueblo, atentan contra el pueblo, en tanto los funcionarios cuestionados se encuentran cómodamente en sus oficinas disfrutando el aire acondicionado y el confort de sus instalaciones.

No pocas veces fingen no darse siquiera por enterados de las expresiones de inconformidad.

Y es que el papel del que debería ser servidor público se encuentra tan devaluado que no le importa ni interesa cuanto se diga en su contra, a menos que lo dicho tenga alguna repercusión política que lo pase a raspar.

Por eso dan paso libre a los bloqueos de calles, pero también porque, de esa manera, así el recurso viole la ley y por consiguiente debe ser castigado, saben los funcionarios que la gente tiene razón, porque, en principio, nadie por puro placer sale a la calle dejando a un lado sus actividades del día y se expone al castigo de los rayos del sol que, en algunas ciudades, como Acapulco, pueden ser particularmente abrasadores.

Luego, lejos de aplicar la ley, permiten los bloqueos porque estos se convierten en una válvula de escape para los indignados, pues de no bloquear, su enojo podría moverlos a incurrir en otros medios, como la quema de edificios públicos, por mencionar uno de los ya practicados.

Ahí está la obstrucción de calles en demanda de agua, acto al que ni caso hacen los responsables del servicio, y si se dignan atender a los manifestantes, se concretan a hacerles promesas que no cumplen.

Lo peor es que los inconformes, los defraudados, los ofendidos, cierran las vías públicas trastocando los derechos de la población, creyendo inocentemente que están haciendo un mal a los funcionarios.

¿Habrá ingenuidad más atroz?

Y es de todos los días: unos incumplen su responsabilidad sin que jamás pase algo, en tanto otros violan la ley de tránsito impunemente en perjuicio de la misma gente de su clase social.

Y nada cambia. Gobierne quien gobierne. Sea el partido que sea.

¿Y, finalmente, quién tiene la culpa?

No es usual, pero tampoco es insólito, que los integrantes de un grupo parlamentario voten en sentido distinto al del bloque en el cual militan. Una muestra de ello muy conocida por todo el mundo en estos días está en el Senado de Estados Unidos, en el que apenas ayer seis senadores del Partido Republicano decidieron votar, junto con 50 del Partido Demócrata, a favor del argumento de que el juicio político al ex presidente Donald Trump es constitucional.

De hecho, es correcto que así sea porque cada representante popular debe hacer caso primero a su conciencia y luego a las consignas de su partido. Pero también debe cuidar de no alejarse demasiado de las posiciones de su grupo parlamentario, pues entonces no tendría caso que fuera uno de sus integrantes, y quizá más le valdría declararse independiente, lo cual tampoco es una rareza en la práctica política cotidiana.

Por lo demás, los partidos políticos esperan que sus diputados o senadores voten siempre en bloque las iniciativas surgidas en el seno de esos institutos políticos. Esto podría explicar por qué buscan figuras conocidas para postularlas como sus candidatos o candidatas, sobre todo a la Cámara de Diputados, porque en este caso lo que importa es que su fama les ayude a ganar el escaño, pues ya investidos como representantes no cuenta tanto su educación, ni su nivel intelectual, ni sus conocimientos, sino que voten junto con el bloque de su partido, lo cual no requiere de mucha ciencia.

Ayer, en el Congreso local, ocurrió una de esas situaciones inusuales entre diputados de partidos de signos diversos: del PRI, del PRD y de Morena coincidieron en que el aumento a las tarifas de la Autopista del Sol –derivado del incremento general aplicado por el organismo federal Caminos y Puentes Federales a todas las autopistas del país– no es conveniente, en ningún sentido, a los intereses del pueblo de Guerrero, pues afectará de manera negativa a todos los ámbitos de su economía.

No es usual que coincidan, pero tampoco es insólito. n

Ambigüedades

Abr 19, 2021

¿Qué diferencia habría entre declarar el turismo como actividad esencial y la actual situación en la que no está catalogada como tal?

Hoy en día, estando en semáforo rojo, la actividad turística no está considerada como esencial; no obstante, las playas no están cerradas al público, como sí lo estuvieron en la primera oleada de la pandemia, en que también fue rojo el semáforo.

¿Es un juego de palabras?

Si realmente sería maravilloso declararla esencial, como consideró hace ocho días el gobierno estatal, advirtiendo que “se tendría que hacer con las medidas correspondientes”, bien estaría precisar cuáles serían los beneficios.

¿En qué consistiría la maravilla si, rojo o naranja el semáforo, las playas están abiertas?

¿Cuáles serían esas “medidas correspondientes” en caso de ser clasificada como actividad esencial?

Por otro lado, ¿a qué se referían al decir que “tenemos que ser más rigurosos con las personas que van a la playa”?

¿En qué consistían las medidas más severas anunciadas?

Hasta ahora, las nuevas medidas que se conocen son los operativos policíacos en 11 playas de Acapulco y cinco de Zihuatanejo, respecto a los que se dijo este martes que han sido positivos.

¿Qué significa ser positivos?

La ambigüedad no encaja en el análisis y el razonamiento.

No se proporciona a la población cifras o datos, que le permitan evaluar.

Simplemente le dicen que son todo un éxito, y se acabó.

Causan tranquilidad, por otro lado, los informes ofrecidos por la Secretaría de Salud este martes.

El titular, Carlos de la Peña Pintos, aseguró que se comienza a observar cierto descenso tanto en la hospitalización como en la cantidad de pacientes críticos.

El funcionario aporta cantidades que permiten comparar las de ayer con las de los días anteriores.

Cuando menos en sus números, la situación mejora.

Habla bien de los transportistas costeños que han puesto en marcha una campaña consistente en advertir a los usuarios que no podrían abordar las unidades motrices si no llevan cubreboca.

Se tardaron, pero finalmente reaccionaron.

A ver cuándo Transportes del estado despierta y exige a operadores de taxis colectivos de Acapulco que no repleten las unidades, como si estuviéramos en semáforo verde.

Es más el ruido publicitario que se hace con las sanitizaciones de unidades que la frecuencia con que se llevan a cabo.

Si en realidad la situación mejora, habrá que reconocer la labor de las autoridades y el comportamiento de la población.

Si ya hallaron la fórmula contra el virus, preciso es no bajar el ritmo y hacer a un lado los actos de simulación que todavía se dejan ver con el ánimo de aparentar que se trabaja más de lo que en realidad se hace. n

La pandemia le cambió bruscamente el escenario al gobierno en materia turística.

Cuando la violencia azotaba con todo rigor a la entidad, para atraer al turismo el gobierno se sostenía en forma vehemente del argumento de que los hechos sangrientos no alcanzaban al visitante.

Si bien una que otra vez ocurrieron sucesos violentos en la zona de playa, no fueron lo suficientemente fuertes como para arrebatarle la bandera a las autoridades.

Hoy en día, con el acoso del virus, no puede recurrir al mismo procedimiento; la violencia no ahuyentaba al paseante; el Covid, parece que tampoco, pero sí las medidas sanitarias aplicadas para reducir los contagios.

Se ignora qué tantos contagios pueda haber entre los visitantes, porque, si enferman, caen en sus destinos, no aquí; no obstante, los contagios atribuidos a ellos aquí elevan la ocupación de camas hospitalarias y las defunciones.

Por tanto, por un lado, la derrama económica que dejan vacacionistas se ve descompensada por lo que gasta el gobierno en la atención médica a los enfermos.

Pero no a todos les viene mal la permanencia de la pandemia, pues algunos funcionarios la han aprovechado para fortalecer su política de no hacer nada.

¿Qué pueden hacer las secretarías y direcciones de turismo para atraer más paseantes si el aumento de la afluencia genera más contagios y, en consecuencia, más problemas?

Sectur estatal y las secretarías y direcciones municipales de Turismo, así como el Fideicomiso para la promoción Turística de Acapulco (Fidetur) deberían regresar a las arcas correspondientes los presupuestos que para promocionar sus destinos dispusieron en 2020.

¿Qué promoción hicieron si estuvieron cerradas las playas?

Y para este año, informó el diputado Zeferino Gómez Valdovinos, el Congreso local destinó “una cantidad considerable para la promoción de todos y cada uno de los atractivos turísticos de la entidad, tanto a nivel nacional como internacional”.

¿Y en qué? ¿Dónde? Y ¿cómo lo van a gastar?

Ya estamos en febrero, y no han mencionado nada de tener un programa de promoción.

¿Y si se animan a dejar la hamaca, qué le dirían a los turistas potenciales para que vengan?

¿Les garantizarán que no los puede atacar el virus?

Y si vienen, nos dejarán dinero, pero también contagios.

¿Será más grande el beneficio que el perjuicio o a la inversa?

¡Quién sabe!

Lo que con toda certeza se sabe es que los funcionarios cuya responsabilidad es atraer turistas se la seguirán llevando de pechito, gastando, descansando y sin tener que rendir cuentas. n

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