Contra la escenografía obsequiosa que insiste en mostrar la propaganda oficial, un hecho es incontrovertible: que si el gobierno no estaba preparado lo suficiente para hacer frente a un reto del tamaño que plantea la expansión del coronavirus Covid-19 en el territorio nacional, menos lo estaban las empobrecidas masas de asalariados y de adscritos a la economía informal.

En el caso de la mayoría de la gente, no se trata, por supuesto, de carencia de cultura o de sentido financiero, sino de simple falta de dinero, sin el cual no puede supervivir al encierro prolongado que demanda la contingencia.

Decenas de miles de personas no pueden obedecer la indicación de quedarse en casa porque necesitan con verdadero apremio los ingresos que hasta hace poco proporcionaba la actividad productiva a la que se dedicaban. Es como lo dijo una ciudadana que hasta antes de la llegada del virus ofrecía masajes a los turistas en las playas, abordada por un reportero de este diario: “si el gobierno no nos da el apoyo, ¿qué vamos a hacer? Tal vez no nos morimos del coronavirus, pero sí de hambre”. Así de grave es la disyuntiva de muchos de esos trabajadores que están fuera de toda estructura regular.

Muchos otros que hasta hace poco eran empleados en toda forma, que estaban en alguna nómina y podían hacerse de un salario con regularidad, por lo general exiguo, pero ingreso al fin, hoy viven con las manos vacías porque la empresa a la que vendían sus servicios cerró sus puertas y bajó sus cortinas ante el amenazador panorama que surge a la vista.

No importa que el gobierno federal haya advertido a los empleadores que podría fincarles responsabilidades penales si dejaban de pagar salarios íntegros o si despedían a sus trabajadores sin apegarse a lo que ordenan las leyes al respecto, el hecho es que cuando se acaba el dinero y lo único que queda son deudas, no hay mucho más que hacer.

Muchas de las empresas que han cerrado, pequeñas todas ellas, estaban hasta el cuello de deudas, debido a la ominosa presencia del crimen organizado, que durante mucho tiempo las extorsionó y las dejó en los huesos. Dos meses de paro son la muerte para ellas.

La respuesta de las autoridades, ante este panorama, es insuficiente. No hay despensas, ni comedores emergentes, que alcancen para dar de comer a los nuevos desempleados.

El futuro inmediato se ve difícil para todos. n

Vecinos de diversas colonias agradecen a la alcaldesa


El programa de Cocinas Comunitarias que implementó el gobierno municipal en apoyo a las personas afectadas por el receso laboral ante la contingencia sanitaria del coronavirus, distribuye diariamente más de 13 mil raciones de alimento ya elaborado.

Los 22 comedores comunitarios que están distribuidos en la zona urbana, suburbana y el área rural, reparten comida a las personas que lo solicitan, priorizando a los adultos mayores y siguiendo las medidas necesarias para evitar la propagación del coronavirus Covid-19.

Vecinos de las colonias Jardín, Morelos, Santa Cruz y Centro se dijeron agradecidos por este apoyo, reconocieron esta iniciativa de la alcaldesa Adela Román Ocampo y de todos aquellos que contribuyen a la noble labor.

La señora Dora Clavel Ávila, de la colonia Jardín, expresó su agradecimiento al gobierno municipal por la sensibilidad de ayudar a los que menos tienen. “Les damos las gracias por toda la ayuda que nos están dando, la verdad sí lo necesitamos, tenemos familia y niños que darles de comer, nosotros nos aguantamos, pero los niños no. Muchas gracias a la presidenta Adela”, expresó.

Se iniciará una campaña en calles, con banderas y lonas, anuncia


“Vamos a salir juntos de esto, ¡claro que vamos a salir juntos de esto! Hemos salido también de momentos difíciles”, expresó el gobernador Héctor Astudillo Flores a todos los guerrerenses a través de un mensaje, en donde la esperanza y los deseos de superar pronto los efectos negativos del Covid-19, fueron el punto central.

Así también, de nueva cuenta, invitó a los ciudadanos a tomar las acciones preventivas correspondientes y de manera particular el quedarse en casa, evitar la movilidad, no acudir a puntos de mayor concentración, como los mercados, las tiendas de autoservicio o el transporte público.

En su transmisión diaria a través de las redes sociales, el Ejecutivo estatal destacó “lo grandiosa que es nuestra tierra, que es Guerrero”, por lo que pidió a los ciudadanos unión y responsabilidad en torno a esta problemática.

Anunció que se tomarán nuevas acciones en Acapulco, Iguala, Chilpancingo, Taxco y Tlapa, esto con la finalidad de reducir a su máximo la movilidad de la población, entre las que propuso un aumento en el perifoneo que se realiza en las colonias.

Recomendó el cierre de negocios no prioritarios, así como acudir lo menos posible a mercados, y en caso de requerirlo, que sólo una persona por familia sea quien se encargue de hacer las compras.

Por ello sugirió la instalación de filtros -no de bloqueos- en la entrada de las poblaciones, así como en los puntos de mayor concentración.

Adelantó que para contribuir a esta tarea, se iniciará una campaña en las calles, en donde con banderas y lonas, se les indique a las personas los puntos donde puede haber un contagio, además de continuar invitándolos a permanecer en resguardados en casa.

Dijo que en la medida que se logre este cometido, se podrá ir frenando el número de contagios. De manera adicional recordó que para apoyar a quien lo requiera, se activó el Fondo de Apoyo a Migrantes Fallecidos.

Si ahora mismo se levantara una encuesta seria de percepción de la inseguridad pública o la vulnerabilidad de las mujeres ante la violencia de género, con toda seguridad el sondeo descubriría que esos no son los principales motivos de preocupación de los ciudadanos.

Pero deberían serlo porque ambos fenómenos se han agudizado a la sombra de la contingencia sanitaria derivada de la expansión del contagio del coronavirus Covid-19 y de la alarma que se va convirtiendo en histeria colectiva cada día.

En lo que respecta a la violencia criminal, ya los medios noticiosos y el mismo Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública han dado cuenta de las cifras que indican que este año disputa al anterior como el más violento de la historia del país.

Por su parte, es de hacer notar que la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) habilitó un servicio de atención sicológica por vía telefónica, diseñado para personas migrantes y desplazados por la violencia en Guerrero, la mayoría de los cuales ha sido habitante de comunidades rurales del estado y que por ello constituye un sector muy vulnerable a este fenómeno, dada la dispersión poblacional en esas zonas y la escasa presencia del Estado.

Y en lo que respecta a la violencia contra las mujeres: el confinamiento para evitar la propagación de la enfermedad ha propiciado más feminicidios, informó la coordinadora del Observatorio de Violencias Contra las Mujeres de Guerrero, Viridiana Gutiérrez Sotelo.

Pero si se levantara un sondeo, el resultado sería que lo que más preocupa a la gente es el tema del nuevo coronavirus. Y aun este asunto es relativo, porque muchos habitantes no se lo toman en serio, como lo muestran las gráficas captadas por fotógrafos de este y otros diarios, que muestran multitudes en mercados públicos, y como lo revelan varias notas que informan de la detención o dispersión de decenas y centenas de personas para quienes simplemente el tema no revista mayor importancia.

Así, mientras unos se alarman, quizá en demasía, por el peligro que representa el nuevo coronavirus y otros se desentienden incluso de esa realidad, otros males de fondo avanzan de manera ominosa y castigan a los más vulnerables.

Si se toma en cuenta que todo en el universo está relacionado de alguna manera y en alguna medida, no sería recomendable que autoridades, ni sociedad civil, echaran las campanas al vuelo motivadas por los datos del espectacular retroceso en el índice de homicidios dolosos cometidos en Acapulco de un año a la fecha.

Si el universo está todo relacionado, más lo está el planeta, y más aun cada país en sí mismo. Es lo que puede explicar el efecto mariposa, cuya tesis plantea que el simple aleteo de un mariposa puede generar cambios notables a largo plazo en un entorno mucho mayor, debido a la sucesión de consecuencias, que a la vez se convierten en causas.

En lo que respecta a la caída del índice de homicidios dolosos en Acapulco, que informó ayer el gobernador Héctor Astudillo Flores en la sesión de la Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz, una acotación es sumamente necesaria: si bien el mandatario se refirió a la tasa en que disminuyeron los incidentes en la comparación entre el primer trimestre de 2020 y el primer trimestre de 2019 –según el dato oficial el retroceso es de 9.3 casos por cada 100 mil habitantes–, al expresar el fenómeno en porcentaje resulta que la caída es de poco más de 48 por ciento (de 19.2 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes el año pasado a 9.2 este año).

Tal cifra, muy significativa por el volumen que implica, podría tentar a más de una autoridad a festinar, pero por eso mismo es riesgosa. En octubre del año pasado, el secretario de Seguridad Pública federal, Alfonso Durazo Montano, pronunció unas palabras que replicaron todos los medios informativos del país: dijo que “hemos logrado un punto de inflexión en la violencia”, si bien previno: “no hay nada que presumir”. En los hechos alardeaba sus resultados en materia de seguridad pública.

Pero tal punto de inflexión nunca existió; lo que ocurrió es que, en su dinámica particular, por motivaciones que de seguro la autoridad todavía ignora, la comisión de delitos de alto impacto se ralentizó, por un tiempo. Luego se alzaría de nuevo, y con más fuerza, y los resultados este año en el ámbito federal son aun peores.

En Acapulco, la comisión de homicidios dolosos ha disminuido de manera sostenida desde hace muchos meses. El “punto de inflexión” al que se refirió Durazo ha sido rebasado por mucho.

Pero la prudencia exige no celebrarlo, precisamente porque en todo el país hay un ecosistema delictivo; nada hay que garantice que el aleteo de una mariposa en otras latitudes acabe por repercutir en este puerto de manera incluso dramática. n

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