Zona de confort

Dic 10, 2019

A juzgar por la advertencia que lanzó ayer a los presidentes municipales el delegado del gobierno federal Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, en el sentido de que ellos también –no sólo los gobernadores– serán clasificados en una lista pública según su nivel de participación en las labores de coordinación interinstitucional contra la violencia delictiva, puede concluirse que los ediles no sólo administrarán sus municipios acotados en materia presupuestal, como de por sí lo han hecho este año, sino también recortados en lo que hace a su zona de confort.

Considerada la peligrosidad –por su capacidad financiera y su poder de fuego– de los criminales de los tiempos que corren, para los alcaldes ha resultado muy cómoda la delimitación de sus jurisdicciones en materia de seguridad pública. Ante cualquier delito con visos de crimen organizado, muchos de ellos desmarcaron a su gobierno con el argumento de que eso es de competencia federal.

Y así navegaron todo su periodo con esa bandera, mientras la criminalidad crecía a su alrededor. Es entendible, pero no justificable: México todo ha visto caer bajo las balas asesinas del crimen organizado a decenas de sus presidentes municipales, muchos de ellos porque no quisieron ceder a las exigencias de sus extorsionadores.

Muchos policías municipales han muerto también porque, siendo vecinos de barriada de los sicarios, éstos los conocían muy bien, así como a sus hijos y demás parientes, y eso los hizo presa fácil para los asesinos.

Por lo que anunció el delegado, los tiempos de ese confort se aproximan a su fin, pues los alcaldes que no participen en la coordinación de seguridad serán exhibidos en una especie de relación de “quién es quien en materia de lucha contra el delito”. Y eso afectará su imagen, sobre todo si pretenden reelegirse en el cargo, ahora que ya se puede.

Es saludable que los ciudadanos sepan cuánto se comprometen y cuánto se meten sus presidentes municipales en la tarea de resolver los problemas que en verdad les aquejan.

Hasta ahora sólo han sido destinatarios de apremios más o menos suaves de presidentes de la República, secretarios de Gobernación, gobernadores y legisladores. Pero nunca se les ha exhibido.

Los puestos de representación popular no están para gozar en ellos lo que podría denominarse las mieles del poder. Son para trabajar con intensidad en resolver los problemas que aquejan a la gente. Los munícipes no son responsables de combatir el crimen organizado, es verdad, pero sí de prevenir esos y otros delitos, y de hacerlo de manera coordinada con los otros niveles de gobierno.

Hasta ahí, todo bien. El único problema es: ¿también exhibirán a los alcaldes de Morena que cometan esa falta? En el caso de los gobernadores, el presidente Andrés Manuel López Obrador ya dijo que sí. El delegado también lo aseguró para el caso de los ediles. Pero muchos pagan por ver.

Mención aparte merece lo que las declaraciones de Sandoval Ballesteros dejan traslucir, pues dijo que la coordinación entre Federación y gobierno del estado ha permitido abatir los índices de criminalidad, lo cual parece indicar que entre el mandatario estatal y el funcionario federal ha quedado superado el encontronazo que tuvieron ante el Presidente cuando las huestes del delegado, por iniciativa propia o por orden suya, abuchearon al Ejecutivo guerrerense en Tlapa. n

Ubicada en una isla del Río San Lorenzo, Montreal ha prosperado como un centro cosmopolita de comunicaciones y comercio y un lugar de innumerables atracciones para disfrutar en familia y con amigos.


Un poco de historia de los inicios de Montreal

Jacques Cartier aterrizó aquí en 1535 y tomó el territorio para su Rey, François I de Francia, pero no fue hasta 1642 que Paul de Chomedey fundó una pequeña estación de misión aquí llamada Ville Marie de Mont-Réal. Este asentamiento original es hoy Montreal, la segunda ciudad francófona más grande del mundo. A pesar del tamaño de la ciudad, las partes de Montreal que interesan a los turistas se encuentran en vecindarios relativamente compactos. Los principales museos y lugares de arte se encuentran en el área de Centre-Ville (centro), donde encontrará Rue Sherbrooke, probablemente la calle más elegante de la ciudad. Es la columna vertebral de la ciudad y la ubicación de muchos museos y otras instituciones. Rue Ste-Cathérine es la principal calle comercial de Montreal, concurrida llena de grandes almacenes, tiendas y restaurantes.

Vieux-Montreal es donde comenzó la ciudad, y sus cimientos y calles originales se conservan en el museo Pointe-à-Callière. Este era el corazón de la ciudad colonial, y sus viejos edificios lo convierten en el barrio más pintoresco de la ciudad. Aquí es donde encontrará la mayoría de las atracciones históricas, así como el popular paseo marítimo a lo largo del Vieux-Port (Puerto Viejo).

Menos turistas pasan tiempo en The Plateau, pero es el corazón del Montreal francófono. Pasear por la Rue St. Denis a menudo se siente como estar en París, con sus elegantes boutiques, restaurantes y cafeterías. Algunos de los restaurantes más populares de la ciudad están aquí, tanto a lo largo de la Rue St. Denis como en otros lugares de este vecindario que se formó en gran parte por sucesivas oleadas de inmigrantes. En su extremo más alejado está Mile End, donde pequeños grupos de calles tienen atmósferas claramente italianas, portuguesas o griegas.


Atractivos para descubrir y atesorar:

Antes de conocer las mayores bellezas de la ciudad, te contamos que en México puedes solicitar el visado para acceder vía aérea desde tu hogar. Si te interesa esta posibilidad, pueder ver más información aquí eta-canada.com.mx/preguntas-frecuentes.html


   1.- Mont Royal

Mont-Royal se eleva 233 metros sobre la ciudad y es el pulmón verde cerca del centro de la ciudad. Un paseo por este hermoso parque permite al visitante ver monumentos de Jacques Cartier y el Rey Jorge VI, pasar un rato en Lac-aux-Castors.

Desde la cumbre, o más bien desde una plataforma debajo de la cruz, se despliega un magnífico panorama de los 51 kilómetros de longitud de la Isla de Montreal y San Lorenzo. En días claros, la vista se extiende a las montañas Adirondack en los Estados Unidos de América.


   2.- Viejo Montreal

Old Montréal es una notable concentración de edificios que datan de los siglos XVII, XVIII y XIX. El distrito tiene la deliciosa sensación de un barrio de estilo parisino, situado entre el paseo marítimo y el centro de negocios. Sus muchos sitios históricos, calles y lugares de interés se exploran mejor a pie.

De las muchas cosas que hacer aquí, lo más destacado es visitar el museo de arqueología e historia de Pointe-à-Callière, la Basílica de Notre-Dame de torres gemelas, los muelles del Puerto Viejo revitalizado y el espacio de reunión al aire libre de Place Jacques-Cartier.


   3.- Jardín Botánico

En lo alto de la ciudad, en los terrenos que albergaron los Juegos Olímpicos de Verano de 1976, Parc Maisonneuve (Metro Pie IX) es el sitio del jardín botánico maravillosamente imaginativo de Montreal. Las diversas plantas se cultivan en 30 jardines temáticos y 10 invernaderos de exhibición, por lo que se representa una amplia gama de climas.

Los jardines al aire libre incluyen los hermosos jardines japoneses y chinos, así como los dedicados a plantas alpinas, acuáticas, medicinales, de sombra, útiles e incluso tóxicas.

Las exhibiciones de rosas son impresionantes, y especialmente interesante es un jardín dedicado a las plantas cultivadas o utilizadas por los pueblos de las Primeras Naciones.

Los altos invernaderos contienen una selva tropical, helechos, orquídeas, bonsáis, bromelias y penjings (árboles chinos en miniatura). También hay un interesante Insectario y un enorme lugar destinado a las aves.

Entre los varios tópicos en que la 4T debe concentrar sus esfuerzos en este segundo año que comenzó este domingo 1º de diciembre de 2019, aparte de los temas obvios de seguridad pública y crecimiento económico, está uno que llama muy poco la atención por estos días, pero cuyos efectos de seguro van más allá que esos y otros en el tiempo.

Se trata de temas que tienen relación con el calentamiento global, asunto de vital importancia y de alcances estratégicos no sólo para el país, sino para el mundo entero, del cual nuestra nación es apenas una fracción.

Una parte de esa revisión tendrá que ver, por supuesto, con la construcción de la refinería de Dos Bocas, uno de los proyectos insignia del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, impulsado por la Presidencia de la República a muy alto costo para las finanzas nacionales a pesar de la tendencia global a virar hacia las energías renovables, no como una moda y ni siquiera por economía, sino por supervivencia, pues, como todo mundo sabe, los combustibles fósiles contribuyen de manera más que significativa a la generación de los gases de efecto invernadero causantes del cambio climático, que ya empieza a constituir una seria amenaza para el futuro de nuestra especie y la viabilidad del planeta.

Pero otras decisiones que ha tomado el no tan nuevo gobierno van en sentido similar. Por ejemplo, ya antes de tomar posesión del cargo, el hoy Presidente, con la mira puesta en reducir la dependencia de México del gas de Estados Unidos, había tomado la decisión de construir una central generadora de electricidad que funcionara a partir del carbón, combustible fósil más contaminante que el gas, y que la gasolina o el diésel. Al final, ante la oleada de críticas que comenzó a despertar tal decisión –pues se contraponía al acuerdo climático global que había firmado México–, el gobierno optó por no comprar las 360 mil toneladas de carbón que había previsto y se limitó a mantener en operación sus tres centrales carboeléctricas ya existentes. Hay en este tema mucho más: en la Ciudad de México, los trolebuses nuevos, capaces de rodar 100 kilómetros sólo con sus baterías, la cada vez más extendida eliminación de las bolsas de plástico del supermercado y el cambio de la industria automotriz hacia la movilidad eléctrica son ejemplos de ello, todo lo cual concuerda con la publicidad oficial del gobierno federal en televisión nacional, en el sentido de dar relevancia a las energías alternativas, como la eólica y la solar, para depender menos de la energía de origen fósil.

Es necesario cambiar nuestras fuentes de energía; es urgente. De hecho, debimos hacerlo hace unos 20 años para eludir las consecuencias que hoy vive el mundo. No importa que aún quede mucho crudo bajo el suelo, pues no podría haber despropósito mayor que pensar que antes de apuntar hacia otros energéticos sería bueno agotar el petróleo. n

La conjetura de que fuerzas oscuras gestan ahora mismo un golpe de Estado contra los gobiernos –así, en plural– de Morena no sólo suena exagerada, sino hasta fantasiosa, sobre todo cuando hay explicaciones más lógicas y más verosímiles para el más reciente corte del suministro eléctrico a Capama, que dejó sin agua potable a 600 mil habitantes de Acapulco.

Parece que es verdad que el director general de la CFE, Manuel Bartlett Díaz, había prometido que nunca más esa empresa suspendería el fluido eléctrico al organismo operador del agua en el puerto –al menos la empresa distribuidora de electricidad nunca desmitió esa versión difundida por el ayuntamiento–, pero eso no obsta para que algún funcionario o un trabajador de menor nivel haya decidido lo contrario, y no debería ser una sorpresa. Cualquiera que haya laborado en el sector público sabe que eso suele ocurrir con mucha frecuencia, que es parte de los enredos de la burocracia, de la descoordinación que priva en casi todas las áreas de cualquier gobierno, y que con toda seguridad no hay nada más de fondo.

Ocurre en todos los gobiernos del mundo; no es privativo de las naciones pobres; ¿por qué no habría de ocurrir en el de México?

Para que un golpe de Estado sea posible, requiere de la participación del Ejército, sea ésta pasiva o, como ocurre por lo general, activa. Sea que éste le retire su apoyo al mandatario y lo deje solo ante los enemigos de su gobierno –que no adversarios, ni rivales políticos–, o que se vuelva contra él, todo o en parte.

En México, los militares leales al poder civil casi siempre han sido hegemónicos en su institución armada. Y cuando no han tenido la hegemonía, han tenido los arrestos suficientes para, a pesar de ello, cuidar del poder civil legalmente establecido. Quizá la prueba más elocuente de esto sea la Marcha de la Lealtad, cuando cadetes del Colegio Militar escoltaron al presidente Madero para protegerlo de las acechanzas de militares traidores a su juramento.

Y ahora, si bien es verdad que la agitación y la inconformidad se manifestaron hace poco en el Ejército, en voz del general Carlos Gaytán Ochoa, contra el papel que el Presidente ha asignado al instituto armado en la lucha contra el crimen, ya los jefes tanto de éste como de la Armada hicieron pública su lealtad al jefe del Estado mexicano.

Así que ese posible golpe de Estado, ¿no es, más bien, sólo un exabrupto? n

Otra vez, el gobierno federal saca a colación el tema de las policías comunitarias.

Esta ocasión, luego de la inauguración de un evento que tuvo como escenario la zona Diamante de Acapulco, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo Montaño, aseguró que el gobierno federal va a enfrentar a las policías comunitarias que estén vinculadas con el crimen organizado, como parte del combate a la inseguridad en Guerrero.

Antes, en enero de este año, el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación (Segob), Alejandro Encinas Rodríguez, había anunciado, también en Guerrero, un plan para desarticular estos grupos de civiles armados que asumieron las funciones de seguridad pública en al menos 42 de los 81 municipios del estado.

Ninguno de los dos, no obstante, ha mencionado ni cuándo ni cómo lo harán.

Es de entenderse que no mencionen estrategias, pero tampoco fijan fechas ni plazos.

Naufragan en el mar de la ambigüedad; se lucen hablando florido; hacen alarde de conocimiento sobre existencia, formación, contaminación, ilegalidad y operación de las policías comunitarias, pero se mantienen pasivos y omisos.

Un año lleva ya la actual administración federal, y sus funcionarios siguen anunciando soluciones al problema, pero no terminan por determinar el día de arranque.

Al igual que la administración estatal, los funcionarios federales admiten que las comunitarias están infiltradas por el narcotráfico, y al escapar al esquema de este tipo de corporaciones, con excepción de la Crac-PC, operan al margen de la legalidad, pero los gobiernos se mantienen distantes.

Saben cuántas son, quiénes las jefaturan, qué territorios tienen bajo su poder, pero les permiten actuar con entera libertad y hasta negocian con ellas.

En consecuencia, incursionan y violentan municipios, como ocurrió en Chilapa, donde hubo 16 desaparecidos en 2017; Tlapa, Chichihualco y recientemente Petatlán, donde, lo más que ha hecho la autoridad ha sido negociar, pasando por encima de la ley.

Por eso mismo, ante la incapacidad gubernamental para someter al crimen organizado, las policías comunitarias siguen surgiendo, y las ya existentes se fortalecen.

No sería de sorprender, por tanto, que los grupos de autodefensa pudieran influir en el proceso electoral de 2021, como lo prevé el investigador y académico Eudocio Téllez Santiago.

La permisividad de la autoridad no sólo deja cancha libre a la delincuencia para intervenir en elecciones, sino que ahora podría propiciar la participación de los grupos de civiles armados.

Como antecedente, habrá que recordar cómo en las elecciones pasadas, habitantes de Ayutla acusaron insistentemente que la Upoeg se empecinaba en imponer candidatos.

Ni comunitarias ni narcotráfico andan con anuncios, alardes, fintas y amenazas; simplemente actúan. Por tanto, cada día, desplazan al gobierno y se apoderan del territorio guerrerense. n

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