Acabús y economía de mercado

Escrito por  Feb 24, 2020

La próxima entrega en concesión del sistema de transporte colectivo urbano Acabús a alguna empresa privada este año –según adelantó el director de Transporte y Vialidad del estado, Miguel Ángel Piña Garibay– podría posibilitar aquilatar la diferencia en resultados y en operación entre la administración ejercida por el gobierno y la ejercida por particulares.

En México ese debate suele ser intrascendente habida cuenta los usos y costumbres en ambos sectores, que a lo largo de decenios han practicado lo que algunos observadores denominan “capitalismo de cuates”, una relación entrelazada por complicidades y corruptelas de todo tipo entre unos y otros, de manera que al final de cuentas ni se notan las diferencias entre una y otra administración.

No debería ser así. Que el Estado se mantenga al margen del mercado –es decir que no intervenga en él de manera directa, como propietario o administrador de empresas– sólo debería significar que ejerce la rectoría sobre las actividades económicas del país y que aplica sin distingos y sin desviaciones las leyes y los reglamentos respectivos a los actores económicos, sean personas morales o físicas.

Pero el Estado mexicano muchas veces se alejó de esa norma, lo que ha dado como resultado deformaciones en el mercado.

La solución es: el mercado en su ámbito, y el gobierno en el suyo, sin que ninguno invada los terrenos del otro. El Estado debe regir y aplicar la ley, sin pedir favores ni dejarse sobornar. Y los particulares deben ocuparse de cumplir con escrúpulo sus obligaciones, so pena de enfrentar las consecuencias legales de su desacato.

La solución no es fortalecer la empresa pública, sino vigilar con lupa a la empresa privada. En teoría, el Acabús debería funcionar a la perfección, pues se supone que el precio del pasaje fue calculado a partir de un estudio de mercado, que consideró incluso los intereses que generaría el dinero que ingresaría a sus arcas y que se quedaría en ellas un tiempo nada despreciable mientras el poseedor de la tarjeta correspondiente hace uso de él.

Pero no ha funcionado bien: hay un buen número de camiones varados por averías diversas y que muchos operan con deficiencias de todo tipo.

Concluir que esto es así porque el sistema es operado por el gobierno y éste es, por naturaleza, mal administrador, podría ser un poco apresurado. n