Presencia de la mujer

Escrito por  Mar 09, 2020

Y la mujer hizo oír su voz.

Sus exigencias se centraron contra la violencia de género, venga de quien provenga, pero también contra la impunidad y, en términos generales, contra la incapacidad, la omisión y la complicidad gubernamental.

Mal se vieron quienes, teniendo la obligación y la responsabilidad de velar por ellas, se alinearon presurosos a favor de sus demandas cuando, en el desempeño de sus funciones, poco o nada han hecho para procurarles respeto, seguridad, libertad y justicia, en los más diversos ámbitos.

Se vio de todo, como en todo.

No faltaron los grupos que no vacilaron en llamar aliada a la autoridad, aunque la misma no haya hecho lo suficiente para protegerlas, como tampoco las que, desde su posición de oposición, arremetieron sin concesiones ni treguas contra los gobiernos.

Ahí mismo, en la arena de los reclamos, se hicieron escuchar las organizaciones no gubernamentales, las que, alejadas de posiciones de poder oficial, han sostenido una lucha ininterrumpida y tenaz, exigiendo conceder a la mujer el sitio que le corresponde en la sociedad, ahí donde no se considera más que el varón, pero tampoco se cree menos.

No se trata de definiciones, no es cuestión de posturas oficiales; no es el punto que un gobernante se diga feminista o humanista, porque si dice ser feminista significará que está contra los hombres.

Tampoco puede autollamarse humanista cuando no ha tenido el sentido humano de frenar, recurriendo a todo su poder si es necesario, la ola sangrienta que arrastra a las mujeres.

El asunto es simple: el quid de la cuestión estriba en ser el representante de la población que cumpla su responsabilidad de darle protección y tranquilidad.

Nada más.

Inncesarios son tantos brincos y malabarismos retóricos.

La protesta es contra el gobierno. Nadie intente desviar la atención aduciendo inútilmente que es por la situación imperante y no contra las autoridades, porque son éstas las que han permitido –e incluso propiciado– este estado en el que la vida pende de un hilo, aun sin deberla ni temerla.

Es de esperarse que la indignación femenil haga reflexionar a la autoridad para que preste en adelante la atención debida al combate a la inseguridad, dejando ya a un lado su deporte favorito de culpar del problema a los que se fueron, pues lo que están para eso y por eso llegaron, para corregir lo mal andado. n