“Test, test, test”

Escrito por  Abr 03, 2020

Si nada cambió la agenda del Ejecutivo estatal ayer, el gobernador Héctor Astudillo seguramente debió pasar un trago muy amargo al pedir a sus pares, los mandatarios de estado de México, Guanajuato, Morelos, Michoacán, Puebla y Ciudad de México, difundir entre sus gobernados la decisión tomada por el gobierno de Guerrero de cerrar las playas y los balnearios de la entidad.

Esa decisión ineludible golpeará muy fuerte no sólo a los particulares cuyos ingresos directos dependen de la actividad turística, sino –por efecto dominó– a prácticamente todos los habitantes del estado y, por ende, a las finanzas públicas, es decir a los ingresos que ayuntamientos y gobierno estatal captan por la vía fiscal y el pago de derechos.

Ese dinero no es poca cosa; ha llegado a representar 80 por ciento de los ingresos fiscales del gobierno del estado, pues la economía de Guerrero depende en su mayor parte del turismo, y como la mayoría de sus 81 municipios no son autosuficientes en términos financieros, sino que sobreviven con las aportaciones que les hacen los gobiernos estatal y federal, este parón repercutirá hasta el último rincón de la entidad.

Para desconsuelo de los afectados en Guerrero y en los otros estados del país, impedir o ralentizar estos efectos nunca estuvo en sus manos, sino en el ámbito federal, donde no se emprendieron las acciones más efectivas para impedir la entrada del virus Covid-19 a territorio nacional cuando aún había condiciones para ello.

Según el refrán popular, “cuando veas las barbas de tu vecino raspar pon las tuyas a remojar”. Así, los gobiernos de todos los países de América, entre ellos el de México, vieron cuando en China primero, y luego en Irán, Italia, España y Alemania, y después en toda Europa, el Covid-19 causaba estragos y superaba, por mucho, las capacidades de naciones poderosas y bien organizadas.

Hubo tiempo para tomar medidas estrictas que, si bien a fin de cuentas no impedirían la entrada del microorganismo al territorio nacional, al menos la retrasaría lo suficiente para preparar el escenario en que sería recibido, y para uniformar el tratamiento respectivo.

No lo hicieron así y hoy pagan las consecuencias: Estados Unidos ronda los 215 mil infectados, con lo cual supera incluso a Italia y, por mucho, a China. Y México roza los mil 500 contagios.

Hoy casi todos los gobiernos de América toman medidas drásticas, como cerrarlo todo y forzar a la gente a recluirse en su casa.

Habría sido más fácil aplicar la recomendación del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus: “test, test, test”. n