Precauciones inútiles

Escrito por  Abr 06, 2020

Una de las principales preocupaciones de las autoridades desde que fue claro que el coronavirus venía hacia América –aun antes de que fuera denominado Covid-19 por la Organización Mundial de la Salud– era que cualquier manejo inadecuado, poco mesurado o poco equilibrado de la información sobre la pandemia provocase en la población un miedo excesivo que la llevara a dejar de producir, comprar y vender, porque eso afectaría la economía de las regiones y del país.

Por eso el gobierno federal adoptó la actitud de “esperar a ver qué pasa”, para tranquilizar a a la gente.

En las regiones se atrofiarían las cadenas de producción y de comercialización, lo cual podría poner en graves aprietos a la gente, porque el gobierno puede obligar a las empresas a seguir pagando salarios a sus trabajadores, y de ese modo procurar que estos tengan ingresos, pero no puede obligar a los ciudadanos a comprar lo producido por aquellos, y de ese modo muchos comercios, sobre todo pequeños, quebrarían.

En el país, al no haber compra-venta, no se pagarían el IVA ni el IEPS que en cada adquisición paga el consumidor, impuestos que al final van a dar a las arcas del gobierno, que de ese modo se hace de recursos no sólo para enfrentar la contingencia generada por el Covid-19, sino para todos sus gastos.

Bien, parece ser que ese temido día ha llegado, según lo indican las notas informativas recogidas por reporteros y corresponsales de este diario. Pero no por la orden gubernamental de cerrar los establecimientos cuya operación no es esencial y sí implica la aglomeración de personas, sino por acciones emprendidas por los pobladores para cerrar las fronteras de sus comunidades o de sus municipios.

Habitantes de Puerto Vicente Guerrero y Piedras Grandes, en Tecpan y Atoyac, cerraron los caminos de acceso a esas localidades para que no ingresen los extraños, y con el mismo objetivo, el Comité de Seguridad de la ruta Tecpan-El Balcón, en el primero de esos municipios, colocó una manta a la entrada de la ruta serrana para pedir a los forasteros que se abstengan de subir a las comunidades serranas. También, los pueblos turísticos de Puerto Vicente Guerrero, en Tecpan, y Barra de Potosí, en Petatlán, cerraron los accesos para evitar la llegada de turistas.

Esta claro que a los pobladores de esos sitios y de todo otro lugar donde esas acciones se hayan replicado, aun sin el conocimiento del gobierno, no les bastaron las medidas restrictivas ejecutadas por las autoridades, y se dejaron llevar por sus temores, fundados, pero desinformados.

Tanta precaución sólo sería útil si hubiera la certeza de que en sus comunidades no anida ya el coronavirus. No lo saben porque no tienen manera de saberlo porque no tienen pruebas de laboratorio que se lo permitan. A esas alturas, cuando ya el virus se extendió por el país, aplicar una medida así no sirve de mucho, a menos que se haya constatado que la comunidad que se intenta aislar está libre del microorganismo.

Por lo demás, las fotos recogidas por este diario muestran que al cumplir la tarea autoimpuesta no tienen cuidado en guardar “la sana distancia”. n