Enemigo ubicuo

Escrito por  Abr 30, 2020

Cuando no se sabe dónde está el enemigo, el ataque suele ser masivo. Así, con muy poca certeza y nula visibilidad, entre las muchas bajas que el asalto produzca estará el enemigo. Así han sido las guerras siempre; un ejemplo que salta a la vista es la guerra en Siria, pero así fue en Vietnam, así es entre Israel y Palestina, y así fue en la embestida del Estado filipino a Estado Islámico: No importa cuántos civiles ajenos al conflicto mueran, ni importa si entre ellos hay niños, si en la batida ha de morir el enemigo.

Pero no tiene que ser así por necesidad inevitable. Los antibióticos lo ejemplifican: durante muchos años han sido de amplio espectro, es decir que aniquilaban cuanta bacteria toparan, así fueran benéficas. Y eso resolvía un problema, al diezmar o eliminar microorganismos perjudiciales, pero creaba otro al eliminar los microbios buenos o al menos al romper el equilibrio natural entre ellos. Hoy ya no es así por necesidad: cada día hay antibióticos más y más específicos, que ejercen su acción sólo sobre un tipo de bacteria, sin afectar su entorno.

Sirva el ejemplo para ilustrar cómo es que algunas medidas que el gobierno mexicano ha toma-do para hacer frente al Covid-19 se enmarcan en esa estrategia de guerra indiscriminada, que sirven de dique al coronavirus, pero también afectan otros ámbitos de la vida humana.

Enviar a todo mundo a aislarse en su casa, cerrar toda empresa dedicada a actividades no esenciales y prohibir el tránsito de vehículos, por supuesto que pueden cortar la serie de contagios. Pero afectarán la economía al detener el flujo de valores y la cadena de suministros.

Había, sin embargo, otra manera de hacerlo, y no era un secreto, tanto así que otros países la practicaron con éxito, y el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, resumió en una palabra, que pronunció tres veces: ¡Pruebas, pruebas, pruebas! Porque éstas, aplicadas de manera masiva, permiten identificar a los contagiados, aislarlos sólo a ellos y someterlos a tratamiento. No hay mejor manera de cortar la cadena de contagios y de acabar más pronto con el brote. Pero parece que en México no hubo recursos o voluntad política, o ambas cosas, para ello. n