Pretextos

Escrito por  May 08, 2020

En su momento la inseguridad pública resultó ser, para la clase gobernante, un excelente argumento para justificar la caída de la afluencia turística.

Pero antes de que comenzara la ola de violencia en la que los descabezados era lo cotidiano, ya la corriente de visitantes de Estados Unidos y Canadá, que eran nuestros principales provedores de turismo extranjero, se había desviado hacia otros destinos, Cancún, entre ellos, debido, entre otras razones, a la distancia y la ausencia de atractivos.

Crearon, a raíz de ello, algunos proyectos como el de la zona arqueológica de Palma Sola y la Laguna Negra de Puerto Marqués, pero lejos de llevarlos a cabo, se echaron a dormir.

Luego, empezó la violencia, que llegó como anillo al dedo para que las autoridades la manejaran como la causa de la ausencia de turismo.

Es de esperarse que el surgimiento del Covid-19 no sea utilizado de la misma manera.

Antes de que empezara a pegar en Guerrero, funcionarios y políticos pataleaban ya aferrados al argumento de la falta de presupuesto, presagiando desde entonces el estancamiento del crecimiento.

Ahora, con el azote del virus, vislumbran ya tiempos complejos derivados de la crisis económica, que viene aparejada a la epidemia. Y sí, el panorama se anticipa crítico; la paralización de las actividades en casi todos los sectores agudiza la desesperación de empresarios, comerciantes, turisteros y trabajadores, que amenazan ya con reabrir sus fuentes de ingresos y reanudar labores porque ya no les es posible seguir inactivos y sin apoyo de ninguna clase.

Es verdad que los gobiernos han estado atentos al problema y presionan para que la población lleve a la práctica las medidas de prevención para evitar la expansión del mal. Eso ha sido bueno, pero no suficiente, porque a la gente se le ha condenado a sobrevivir de lo que pueda.

Exige la autoridad a lavarse las manos de manera obsesiva, pero en muchos núcleos poblacionales no hay agua; ordenan no salir de casa, medida imposible de acatar para los que viven al día y que, por lo tanto, si no salen a buscar el sustento, no comen.

Es, pues, asfixiante el momento y desolador el futuro. Veremos en qué queda. n