Reactivar la economía

Escrito por  Jun 18, 2020

El vigor, la frecuencia y el sentido de urgencia con que se manifiestan cada vez más representantes de sectores productivos y líderes sociales a favor de reactivar la economía del estado –entre ellos la propia alcaldesa de Acapulco, Adela Román Ocampo– muestra a las claras que la prolongada falta de ingresos ha llevado al extremo de la desesperación a quienes quedaron sin ellos desde que las autoridades federales ordenaron parar toda actividad considerada no esencial para la subsistencia de la comunidad. Pero eso es una obviedad que cualquiera puede ver.

Demuestra también cuán funestos pueden ser los resultados de no planificar y no calcular con independencia del interés político. Es una advertencia sobre el despropósito de enfrentar un problema, sobre todo del tamaño que es la pandemia del Covid-19, con la estrategia de la no-estrategia.

Miles de habitantes del estado, así como del país, tienen el agua al cuello, y cuando esperaban que las autoridades encendieran la bomba de achique para aliviar esa circunstancia, lo que éstas hacen es pedirles 15 días más de paciente sacrificio.

Lo pasado está pasado, y sólo vale revisarlo para aprender de él, pues no es posible cambiarlo. Así que es deseable que hayan aprendido esta lección, que bien nos puede servir en el futuro: que un propósito político no justificaba no hacer nada para impedir al virus entrar al territorio nacional y extenderse a lo largo y a lo ancho de él, y matar, a estas fechas, a más de 18 mil personas, más las que faltan.

El gobierno federal tenía tres meses de ventaja sobre el país en que se originó el contagio, tiempo en el que pudo diseñar una estrategia para hacerle frente, tiempo en el que pudo prepararse a conciencia a fin de retrasar lo más posible su entrada a territorio nacional y al mismo tiempo combatir cada una de sus manifestaciones focalizadas, con todas las armas de que dispone el arsenal médico.

Hoy, la mayoría de los que piden reanudar las actividades económicas miran por sus intereses particulares, lo cual es legítimo, se trate del propietario de una gran cadena o del permisionario de un taxi: todos necesitan dinero para subsistir.

En el caso de los gobernantes que plantean lo mismo –entre ellos la alcaldesa de Acapulco– es distinto: saben que si la gente no tiene ingresos, el gobierno tampoco los tendrá por la vía de los impuestos. Así de simple. n