Catástrofe

Escrito por  Jul 07, 2020

Nada gratificante se presenta el futuro respecto a la pandemia del Covid-19 y sus consecuencias.

Por una parte, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, advirtió sobre un nuevo reto que vendrá en las temporadas de otoño e invierno, cuando, además del repunte del coronavirus, llegará la influenza, que se presenta de octubre a marzo.

La neumonía (inflamación de los pulmones por infecciones creadas por influenza u otras enfermedades) figura como la octava causa de muerte en México.

Por otro lado, 239 científicos enviaron a la Organización Mundial de la Salud (OMS) una carta para alertarla en el sentido de que el Covid-19 se dispersa además por el aire.

No hay evidencias, rebatió la OMS.

¿Estarán equivocados 239 estudiosos de la ciencia?

Seguramente se dan cuenta de la gravedad de lo que están asegurando.

¿Y si tuvieran razón?

Entre tanto, como era de esperarse, la reapertura del sector turístico trajo consigo el desorden. La mayoría de los paseantes no respeta las normas sanitarias establecidas por las autoridades de Salud.

En consecuencia, el gobernador Héctor Astudillo Flores sentenció que si Guerrero regresa al semáforo rojo, volverán a cerrar las playas.

Llamó a prestadores de servicios a conducirse con responsabilidad. Ellos probablemente lo hagan, pero ¿qué hay de los visitantes? ¿Cómo obligarlos a usar el cubrebocas? ¿Quién podría pensar que se respetará la sana distancia?

Podrá controlarse el ingreso a los templos católicos y se está haciendo, pero es una utopía querer administrar el ingreso a playas, parques y otros sitios públicos.

¿Cuáles son los indicadores y su peso para pasar de rojo a naranja en el semáforo? La ocupación hospitalaria vale 50 por ciento de la ponderación; la tendencia de síndrome Covid-19 (casos sospechosos), 20 por ciento; la tendencia de hospitalizados y el porcentaje de positividad SARS-CoV-2, 10 por ciento.

Sabido es que, al no poder bajar contagios y decesos, el gobierno estatal optó por incrementar el número de camas Covid-19 para cubrir el requisito de la ocupación hospitalaria.

Lo peor del caso sería que, ante el repunte de contagios y fallecimientos, cayera uno de los indicadores. Rebasar sólo uno de ellos implica volver al semáforo rojo.

La realidad es que el horno no está para bollos. No nos engañemos. El propio mandatario estatal confiesa: “no se ve el principio del final”. n