Ni aspirinas para la moribunda

Escrito por  Jul 31, 2020

Los jinetes apocalípticos cabalgan en torno a la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco (Capama), un organismo quebrado financiera y técnicamente, amenazado por el embargo debido a sus múltiples deudas y - según denuncia de la presidencia municipal- infiltrado por la delincuencia organizada, además de que en su contra operan mafias de los propios trabajadores.

Lo más grave: a un año y medio de la actual administración municipal, no se menciona ningún plan concreto para sacarlo del atolladero.

El pasado día 23, el regidor del PRD Víctor Aguirre Alcaide advirtió que la Capama está al borde del embargo debido a la gran cantidad de deudas que tiene con proveedores y otros organismos.

El 11 de diciembre pasado, el síndico administrativo del ayuntamiento, Javier Solorio Almazán, consideró que la paramunicipal debe de refundarse, debido a los grandes adeudos que tiene.

Este miércoles retomó el tema para descartar que la absorción del organismo por parte de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) sea la solución a los problemas que tiene.

El 18 de febrero, la alcaldesa Adela Román Ocampo denunció la operación de mafias al interior de la Capama; advirtió: “la propia clase trabajadora trabaja en contra de Capama, en contra de los intereses de la sociedad acapulqueña, porque estamos ante verdaderas mafias”.

“Entonces –abundó-, esa es una de las debilidades que tenemos que corregir; ya sabemos lo que tenemos que hacer”. 

Esa ocasión aseguró que miembros de la delincuencia, en contubernio con los trabajadores, impiden que se abran las válvulas en las colonias, pero cinco meses después no ha dicho si ya se solucionó el problema.

Este 16, la primera autoridad dijo que todas las administraciones han saqueado la Capama, pero la que encabezó Evodio Velázquez en la gestión que acaba de salir, incurrió en el saqueo extremo.

Ahí está una radiografía de los cánceres que carcomen las entrañas de la empresa: denuncias de irregularidades y vicios, así como propuestas para rescatarla, pero resalta la ausencia de un plan con la que proyecten sacarla a flote.

Ni siquiera la administración de analgésicos.

Todos dicen, pues, que está moribunda, las corruptelas y vicios que la tienen al borde de la tumba y quienes los fomentaron; justifican su estado agónico, se zafan de la culpa, pero nadie hace nada para lograr una intervención quirúrgica y todos parecen estar atentos a publicar las respectivas esquelas apuntaladas con el clásico “se los dije”. n