Dudas

Escrito por  Ago 27, 2020

Tal vez con algo de suerte –pues la suerte parece ser elemento imprescindible para el ciudadano frente a la parálisis del actual gobierno federal ante el tema del coronavirus–, algún día se sabrá cómo es que los contagios de Covid-19 en México, y en Guerrero, han comenzado a disminuir, según lo han estado informando autoridades de varios niveles.

Si algún día, por ejemplo, el gobierno federal renuncia a su obstinado desprecio al uso del cubrebocas y a la aplicación masiva de pruebas, podría ser él mismo el que diera esa explicación. ¿Es que cada día hay más ciudadanos conscientes de la importancia de aplicar con rigor las medidas preventivas, y por eso hay menos contagios, o es que la gran mayoría de los mexicanos ya se contagió, sin saberlo y sin presentar síntomas, y por eso adquirió inmunidad –así sea temporal– ante el virus?

Si no es así, si el gobierno federal no cambia su criterio –y todo parece indicar que no lo hará–, tal vez sean investigadores científicos los que acaben dando esa respuesta. Y cuando lleguen las vacunas, sean las de Rusia o las de Francia, entonces sólo sirvan como refuerzo.

Lo han afirmado el subsecretario Hugo López-Gatell y el secretario Carlos de la Peña Pintos, y lo han confirmado. Ayer en Guerrero los contagios nuevos fueron apenas 0.45 por ciento más que el día anterior y la ocupación de camas Covid-19 había descendido a 22 por ciento.

Es lamentable que ocurra cuando se ha cumplido el escenario más catastrófico previsto hace meses por el subsecretario federal, el de los 60 mil muertos –de hecho, ayer sumaban 62 mil 76–, pero así es, y hay que congratularnos por ello, con las debidas reservas, por supuesto.

Pero como no se conocen las causas de este aparente aplanamiento de la curva, nadie puede estar seguro de si el suceso merece congratulaciones. Quizá, en vez de ello, lo que es imprescindible es rogar a la población que no baje la guardia, que no afloje las precauciones sanitarias, pues si así lo hace, la consecuencia podría ser un repunte en los contagios y, por consiguiente, una vuelta al semáforo rojo, con todas las graves consecuencias que eso implicaría, sobre todo económicas.

Pero, una vez más, ¿cómo saberlo si no se aplican pruebas masivas para conocer el estado verdadero del coronavirus en nuestro país? n