Capach, otro lastre

Escrito por  Sep 07, 2020

El trabajador asalariado tiene la capacidad de soportar estoicamente malos tratos, exceso de trabajo, escamoteo de prestaciones, pero lo que no pemite ni soporta es que se metan con su salario, porque hacerlo no es atentar solamente en su contra, sino contra su familia.

En este tenor, trabajadores sindicalizados de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado de Chilpancingo (Capach) presionan a la administración y al alcalde capitalino, Antonio Gaspar Beltrán, para que les paguen sus salarios devengados.

No es la primera vez que ocurre, como tampoco es la primera vez que tanto la administración de la paramunicipal como el primer edil dejan manifiesta su falta de capacidad para responderle a sus trabajadores y garantizar la prestación del de por sí deficiente suministro de agua a los capitalinos.

Las marchas y paros realizados por los inconformes son interpretados por la directora del organismo, Irma Lilia Garzón Bernal, como una acción “justa, pero mal direccionada”.

La funcionaria considera que los sindicalizados “deben redoblar esfuerzos en sus trabajos, en lugar de paralizar los servicios”.

El alcalde ha sostenido en otras ocasiones similares que no se paga la nómina porque la recaudación es insuficiente porque los consumidores no pagan el servicio.

Cualquiera que sea la razón, uno y otro deberían haber implementado ya medidas para evitar los conflictos.

La factura de estas fallas no sólo corresponde al alcalde y a la directora, sino que su cobro debe hacerse extensivo al cuerpo edilicio, que se mantiene al margen eludiendo su responsabilidad.

En vez de encerrarse en sus argumentos, Gaspar Beltrán y Garzón Bernal debieron ya buscar soluciones más viables que pedir a los trabajadores redoblar esfuerzos, a pesar de que no se les paga.

¿Que no pagan los consumidores?

Algo se debe hacer.

Pero no vaya a suceder en la Capach lo que ocurre en la Capama (Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco), cuyos responsables no hacen más que quejarse de que el organismo está en quiebra, y piden que el gobierno federal los rescate por una parte, pero por la otra surten gratuitamente el servicio a dependencias públicas, políticos y grandes empresarios, de acuerdo con sus propias confesiones, que exteriorizan sin rubor alguno cada vez que viene al caso.

¿Se está administrando correctamente la Capach?

¿No debería revisarse primeramente su operación además de buscar fuentes viables de financiamiento para sacarla adelante?

Cuando ya se lesionan los intereses de los trabajadores atentando contra sus salarios significa que el problema ya es muy grave, pero más grave puede ser el hecho de que no se busquen opciones para sacar adelante, en este caso, a la Capach. n