¿Hacia dónde vamos?

Escrito por  Nov 03, 2020

Ahora más que nunca parece válida, con eso de la pandemia, aquella sentencia de que “la muerte camina a tu lado”, que tiene como objetivo recordarle al ser humano lo vulnerable que resulta la vida.

Aunque Acapulco se encuentra en situación de alto riesgo por el Covid-19, buen porcentaje de la población desoye las recomendaciones de las autoridades de observar los protocolos sanitarios.

Pero no sólo procede así la población residente, sino también la flotante, a la que el gobernador Héctor Astudillo Flores le ha reprochado una y otra vez su descuido y desinterés por someterse a las reglas de salud.

Demostrado ha quedado por demás que los insistentes llamados oficiales a crear conciencia entre la gente no dan los resultados deseados.

Es un hecho comprobado que no será esa la fórmula para detener contagios, hospitalizaciones y muertes, porque ha terminado en fracaso.

Si el gobierno no quiere emplear la fuerza para frenar el avance del virus, no es de imaginarse cuáles serán esas medidas más rigurosas que viene anunciando para la temporada invernal desde hace días.

Por otro lado, el anuncio de la empresa farmacéutica AstraZeneca en cuanto a que la vacuna contra el Covid-19, que desarrolla en conjunto con la Universidad de Oxford, podría tener listos los resultados entre noviembre y diciembre, y que comenzaría con una “fuerte distribución” en marzo de 2021, enciende la flama de la esperanza de escapar finalmente al ataque del patógeno.

Aunque así fuera, todavía se estaría a expensas del Covid cinco meses, durante los cuales seguiría causando estragos no sólo a la salud, sino también a la economía.

Aun en el supuesto de que lo informado por AstraZeneca se concretara en el plazo previsto, la autoridad tendrá que buscar nuevas fórmulas para detener la expansión de contagios.

Resulta irrebatible, eso sí, que el gobierno no puede seguir haciendo lo mismo contra el mal porque, desde luego, habrá los mismos resultados, y estos han sido hasta ahora desastrosos.

Arrojar la culpa a la gente de lo que está ocurriendo es una justificación que no debe seguirse manejando; no le queda bien a la autoridad porque es ésta la que se supone cuenta con el poder y todos los recursos para proteger a la población.

Por tanto, si alguien falla, es la autoridad, y es la autoridad la que debe asumir la responsabilidad en vez de buscar culpables, porque si responsabiliza de los resultados a la población quiere decir que ya nada puede hacer. n