Desacuerdos salvables

Escrito por  Nov 20, 2020

La alcaldesa de Acapulco, Adela Román Ocampo, fue contundente al advertir que, al menos en este puerto, donde ella gobierna, no se perimitirá que funcionen los gimnasios el próximo lunes, como lo acordó con los dueños de este tipo de establecimientos el gobernador Héctor Astudillo Flores.

Algunos lo interpretarán como un desafío al jefe del Ejecutivo; otros, como un acto de hacer valer la autonomía municipal; algunos apoyarán, otros criticarán.

No faltará.

En principio, Román Ocampo está exponiendo públicamente su inconformidad por una decisión que podría perjudicar a los acapulqueños, así como reiteradamente ha expuesto su opinión de que las playas deberían cerrarse este mes para que sea más llevadera la temporada de diciembre.

Está en todo su derecho.

Dicho sea de paso, en la reunión en que el mandatario estatal tuvo acuerdos con los dueños de gimnasios, debieron estar presentes los alcaldes de las demarcaciones a la que pertenecen los empresarios.

Tenían derecho a estar ahí y a dar a conocer su punto de vista.

Tras dar a conocer que el estado contó con una afluencia de visitantes el pasado fin de semana largo, el mandatario advirtió que ahora hay que esperar el aumento de contagios.

No vaya a ser, pues, que, sin haber cambiado la situación, después la entidad tenga que afrontar el incremento de casos derivado de la apertura de gimnasios.

Es extraño que, siendo tan cauteloso en sus decisiones, Astudillo Flores haya autorizado reabrir los negocios sin saber si los contagios se habrán reducido para el lunes venidero o, peor aun, si las condiciones llegan a empeorar a extremo tal que habrá que regresar al semáforo rojo.

A simple vista parece que el mandatario cedió a presiones de los inconformes, a pesar de que no son los únicos empresarios a los que ha golpeado económicamente la pandemia.

Por otro lado, no es de esperarse que la concesión del jefe del Ejecutivo estatal y la respuesta tajante de la alcaldesa porteña termine en confrontación o distanciamiento entre ellos.

No es la primera vez que Román Ocampo disiente públicamente del gobernador y no ha pasado nada.

Román Ocampo es explosiva, directa y clara; Astudillo Flores, sereno, ecuánime y tolerante.

Seguramente, ambos se acercarán y platicarán, y llegarán a acuerdos que beneficien a Acapulco y a los dueños de los gimnasios.

Se trata, pues, de que todos salgan ganando.

Grave sería que, aparte de la paliza que la pandemia está arrimando al puerto conjuntamente con todas sus secuelas de salud, económicas y sociales, alcaldesa y gobernador terminen enemistados.