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Contrasentido

Escrito por  Dic 22, 2020

Sin duda alguna, falta mucho por legislar y reglamentar para que el gobierno funcione con toda la eficiencia y toda la eficacia deseables, para que sea inexpugnable a la corrupción y a la incompetencia, para que con la menor cantidad posible de recursos produzca los mejores resultados posibles.

Porque es de sentido común que el tamaño de la nómina municipal y los salarios de sus funcionarios deberían guardar relación directamente proporcional con el tamaño de la economía del municipio, con las excepciones y salvaguardas que exijan o impongan las circunstancias del estado y de la nación.

Si el municipio goza de una economía boyante, lo cual se haría patente por el volumen de su aportación al producto interno bruto estatal –consecuencia de un buen producto interno bruto municipal y del tamaño de su población–, puede ser aceptable que la nómina de su ayuntamiento sea robusta y que los salarios de sus funcionarios sean superiores al promedio de los ayuntamientos del estado, o que incluso sean los más altos.

En la situación contraria, sería de esperar que el tamaño de la plantilla y los salarios de los jefes no estén entre los más grandes de la entidad. Es una relación fácil de comprender para casi cualquier persona.

Pero he aquí que, en apariencia y en general, quienes gobiernan no entienden de relaciones proporcionales, y suelen cometer excesos, como en Chilpancingo, cuyo cabildo se concedió este año un aumento salarial de 100 por ciento, con el cual sus integrantes son los mejor pagados de la entidad, a pesar de que el municipio no es la economía más fuerte del estado, si bien su producto interno per cápita sí es el más alto.

Debe haber alguna manera de lograr que si, por ejemplo, resulta notorio que un alcalde no comprende estas relaciones que se dan en la economía, entonces tuviera por obligación hacerse asesorar de conocedores de la materia.

Tal vez así podría evitarse extravíos como el cometido en el ayuntamiento capitalino, que por un lado enfrenta todos los días protestas de sus trabajadores, que exigen el pago de salarios devengados o de otras prestaciones también adeudadas, mientras que por otro lado el cuerpo edilicio goza de los más altos salarios de entre todas las comunas del estado. n