Sentido común

Escrito por  Ene 08, 2021

Las autoridades del estado, y las del municipio de Acapulco, deberían al menos escuchar las razones que esgrimen los propietarios de restaurantes y bares cuando piden permiso para ampliar su horario de funcionamiento tres horas, de las 11 de la noche a las 2 de la madrugada.

La decisión oficial en el tema de los horarios no convence ni a los más escépticos. Quizá el ejemplo más claro de ello es el horario restringido impuesto a los supermercados, los cuales ahora deben concluir sus actividades con público a las 8 de la noche, dos o tres horas antes de su horario habitual hasta antes de la emergencia sanitaria causada por el nuevo coronavirus. Obligar a las tiendas a recortar dos o tres horas su horario de servicio también obliga a los compradores a acudir dos o tres horas antes de lo que para ellos era habitual. De este modo, en un horario recortado tienen que compartir el espacio de la tienda con las personas que acuden a ellas en lo que era su horario habitual. El resultado es más gente en el mismo espacio. Y nadie podrá negar que esa es una circunstancia ideal para la transmisión del virus entre personas, con independencia de las medidas sanitarias preventivas que se aplican en esos establecimientos.

La situación de la venta de las bebidas alcohólicas es similar: a las 8 de la noche se suspende su comercialización, con la supuesta intención de que la gente no se embriague y así, con la supuesta conciencia perdida, se olvide de los protocolos de sanidad.

Nadie con algo de sentido común se toma ese argumento en serio, y el hecho es que las personas que quieren hacer fiesta compran las bebidas alcohólicas antes de las 8 de la noche, las ponen a enfriar y más tarde comienzan su celebración. Los operativos que han disuelto fiestas clandestinas son prueba clara de ello.

Y, por supuesto, está el hecho de que comprar bebidas alcohólicas no significa que el comprador tenga, por fuerza, el plan de organizar una fiesta. n