Pueblo contra pueblo

Escrito por  Feb 12, 2021

No deja de ser lamentable el hecho de que, para hacer oír sus demandas y obtener los satisfactores a sus necesidades, la población recurra al bloqueo de vialidades.

Sí, lamentable, porque con su protesta los inconformes no dañan en lo mínimo a las autoridades destinatarias de su movimiento, sino lesionan a la misma población; golpean, pues, al mismo sector al que pertenecen.

Siendo pueblo, atentan contra el pueblo, en tanto los funcionarios cuestionados se encuentran cómodamente en sus oficinas disfrutando el aire acondicionado y el confort de sus instalaciones.

No pocas veces fingen no darse siquiera por enterados de las expresiones de inconformidad.

Y es que el papel del que debería ser servidor público se encuentra tan devaluado que no le importa ni interesa cuanto se diga en su contra, a menos que lo dicho tenga alguna repercusión política que lo pase a raspar.

Por eso dan paso libre a los bloqueos de calles, pero también porque, de esa manera, así el recurso viole la ley y por consiguiente debe ser castigado, saben los funcionarios que la gente tiene razón, porque, en principio, nadie por puro placer sale a la calle dejando a un lado sus actividades del día y se expone al castigo de los rayos del sol que, en algunas ciudades, como Acapulco, pueden ser particularmente abrasadores.

Luego, lejos de aplicar la ley, permiten los bloqueos porque estos se convierten en una válvula de escape para los indignados, pues de no bloquear, su enojo podría moverlos a incurrir en otros medios, como la quema de edificios públicos, por mencionar uno de los ya practicados.

Ahí está la obstrucción de calles en demanda de agua, acto al que ni caso hacen los responsables del servicio, y si se dignan atender a los manifestantes, se concretan a hacerles promesas que no cumplen.

Lo peor es que los inconformes, los defraudados, los ofendidos, cierran las vías públicas trastocando los derechos de la población, creyendo inocentemente que están haciendo un mal a los funcionarios.

¿Habrá ingenuidad más atroz?

Y es de todos los días: unos incumplen su responsabilidad sin que jamás pase algo, en tanto otros violan la ley de tránsito impunemente en perjuicio de la misma gente de su clase social.

Y nada cambia. Gobierne quien gobierne. Sea el partido que sea.

¿Y, finalmente, quién tiene la culpa?