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El clamor de los olvidados

Escrito por  Mar 05, 2021

Si lo que el gobierno estatal hizo ayer con los docentes jubilados inconformes lo hiciera con todos los grupos de manifestantes que reclaman lo que por derecho les corresponde, otra imagen se tendría de la administración estatal.

No se entiende por qué la autoridad deja correr el problema si sabe perfectamente que terminará atendiéndolo.

Esas olas de movilizaciones resultan en cansancio y angustia para los manifestantes, fastidio para el gobierno y molesto para los terceros perjudicados.

Varios días tenían los jubilados movilizándose y exteriorizando su inconformidad, demandando, verbigracia, el pago pendiente del seguro por indemnización del Plan de Previsión Social (PPS), que representa aproximadamente 30 mil pesos que deben recibir profesores al jubilarse, pero que hasta ahora alrededor de mil de ellos no han recibido desde 2016.

No es asunto menor.

Además, el pago de la retención de 2 por ciento al salario de los profesores durante su vida laboral activa, el cual es parte del sistema de ahorro para el retiro, y pagos por invalidez que se adeudan desde 2014.

¿Es justo que al retirarse para disfrutar la jubilación tengan que dedicar su tiempo a reclamar la entrega de beneficios alcanzados durante su vida laboral, por irresponsabilidad de unos gobiernos y las corruptelas de otros?

Ayer, cuando se manifestaban en el exterior de la oficina de Promotora Turística, en la zona Diamante, fueron atendidos por el gobernador, Héctor Astudillo Flores y miembros de su gabinete.

El mandatario los escuchó y se comprometió a reunirse con ellos en próximos días.

¿Por qué no haberlo hecho antes?

¿Por qué no desactivar –antes de que estallen– movimientos que presentan a un gobierno como indolente y ajeno a los reclamos de quienes le sirvieron la mayor parte de su vida?

Si resolver demandas no corresponde a la gestión actual, que se gestione ante quien corresponda o que se obligue a ésta de alguna manera a solucionar.

El caso es que se supere el problema.

Nada más conveniente.

Pero, mira, respetable lector, lo que sucede y en lo que viene a parar todo.

¿Puede jactarse un gobierno, dígase federal, estatal o municipal, de ser una autoridad justa si da pie a que por calles y dependencias desfilen quienes fueron sus trabajadores reclamando lo que por derecho es de ellos? n