Ornato

Escrito por  Mar 09, 2021

Los sucesos violentos ocurridos este fin y principio de semana reflejan, una vez más, que la delincuencia no ha desaparecido y que está al acecho, lista para hacer su aparición en el momento y sitio que considera precisos.

Todo lo tiene calculado; nada deja a la improvisación.

Emerge, ataca y desaparece como si nada.

¿Dónde está?

La autoridad lo sabe, pero finge ignorarlo.

¿Dónde están los que incendiaron los siete locales ubicados junto al Mercado Central de Abasto?

¿Dónde están los que quemaron la camioneta tipo Urvan?

¿Y los que quemaron los puestos en el mercado de Tepito?

Entre tanto, el gobierno se complace difundiendo día a día la reducción de homicidios dolosos, que son los únicos que para el mismo cuentan, pues ni referencia hace al cobro de piso, ni a las extorsiones, prácticas que se han convertido en parte de la cotidianidad en la que se ahogan los clamores de empresarios sobre seguridad.

No menos grave resulta el enfrentamiento ocurrido entre civiles de la Upoeg y fuerzas de seguridad de los tres niveles de gobierno en San Pedro Las Playas.

Para nada ha servido el que el gobierno desconozca a la Upoeg como policía comunitaria al no reunir los requerimientos propios de esta agrupación.

Ilegal y todo, opera libremente en los territorios conquistados, no obstante que la administración estatal y la misma federal, la han considerado una y otra vez ilegal.

En el enfrentamiento de este domingo, los autodenominados policías comunitarios retuvieron a ocho efectivos de la Policía Estatal; las fuerzas gubernamentales tuvieron que dialogar con los upoegistas para su liberación.

Así, de este nivel es la capacidad de operación de la Upoeg.

No es la primera vez que, en situaciones como ésta, impone sus condiciones al gobierno para salir airosa de los trances en que se ha visto involucrada.

Lejos de aplicar la ley, el gobierno la negocia, y parte de esta negociación implica que la supuesta comunitaria continúe operando imponiendo sus reglas.

Si bien no puede negarse que los homicidios han decrecido y que la violencia ya no es la misma, tampoco puede negarse que las autoridades constitucionales bailan al son que les toca la delincuencia.

Es ella la que impone el clima de seguridad o inseguridad. n