Imprimir esta página

Despenalización de la marihuana

Escrito por  Mar 11, 2021

A punto de ser aprobado el uso recreativo de la marihuana, además del medicinal, la iniciativa –que deberá ser enviada al Senado en cuanto los diputados terminen de ponerse de acuerdo en las reservas–, ha vuelto a generar polémica entre los sectores sociales que están a favor y en contra de una medida de tal envergadura.

Es posible afirmar con suficiente seguridad que la motivación de quienes han promovido la despenalización del llamado consumo lúdico de la marihuana es la de dejar de vivir la fantasía de que el Estado combate, cual debe ser, un delito que bien puede ser catalogado como grave.

Sin embargo, quienes se oponen a liberar esa planta de los grilletes de la prohibición advierten que despenalizar su uso es una invitación a consumirla, y que ya consumida se convierte en puerta de entrada a drogas más duras, por adictivas y destructivas.

Bien mirado el asunto, el mundo entero ha vivido una ficción con el combate a la cadena de las drogas, entre las cuales la mariguana ha sido reina de popularidad durante muchos años. La política prohibicionista, a partir de una visión policíaco-militar del fenómeno, sólo ha traído muerte, corrupción y desolación en todas partes donde se ha dado.

México es excelente ejemplo de ello. En nuestro país el narcotráfico ha corrompido casi todas las instituciones con las que ha tenido contacto. Pero no se ha conformado con ello; se ha repartido el territorio nacional como si fuera un pastel, y no por las buenas, sino con los peores métodos de repartición: asesinatos salvajes entre cárteles, sometimiento de la población civil a partir del terror y constantes desafíos y ataques a las autoridades.

Tan grave ha sido la escalada de violencia y tanto es el poder de fuego de estos grupos criminales que el gobierno federal ha debido declararlo asunto de seguridad nacional. Esto es lo que mueve a los que proponen quitarle la etiqueta de prohibido, y en vez de ello, sacarle todo el provecho que se pueda, no sólo por la vía impositiva –es decir la que resulta de aplicar impuestos a su venta y a su consumo–, sino también por la vía de la industrialización de sus componentes, que en el caso de la marihuana son muchos, incluso sorprendentes. No se trata de promover su consumo, sino de abandonar la ficción de que se combate un delito, cuando en realidad el delito ha crecido y se ha extendido sin frenos y con muy altos costos sociales.

Quienes promueven la interrupción del embarazo lo menos que desean es que las mujeres lleguen a ese extremo, sino que reconocen que así ocurre, pero en condiciones tales que mueren ellas y el producto, y fuera de todo control de las autoridades. Así pasa con los promotores de la despenalización de la marihuana.