Hueso duro de roer

Escrito por  Mar 31, 2021

Podría no andar muy errado el secretario general de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos, Evencio Romero Sotelo, cuando advierte que el candidato a gobernador que prometa mejoras en el campo está incurriendo en un engaño.

¿En qué fundamenta su aserto el dirigente?

En que, indica, para 2021 el campo guerrerense no tiene presupuesto.

¿Más claro?

En declaraciones que hizo a este respecto el 16 de noviembre de 2020, el gobernador Héctor Astudillo Flores fue muy contundente.

“Para el estado vendrá –en 2021– una situación muy complicada, pues se eliminaron diversos fondos: en el presupuesto de carreteras hay 72 por ciento menos para la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) por lo que, si había 100 millones, ahora habrá 72 millones de pesos menos; en agua potable, de cada 100 pesos destinados, en 2021 habrá 22 o casi 23 pesos menos para invertir”.

“En participaciones habrá una disminución de 5.3 por ciento”.

“El campo –enfatizó– está sin nada, casi nada; no hay alguna inversión para Guerrero”.

Así el panorama, es cierto, cualquier ofrecimiento de campaña respecto a supuesta mejoría en el campo concretamente suena a falsedad.

Los analistas financieros y asesores en economía son insistentes en que, si no cuenta con ingresos propios, hay dos únicas vías para que el gobierno incremente sus recursos: elevando o creando impuestos y recurriendo al préstamo, es decir al endeudamiento.

Para empezar, si el próximo mandatario estatal intentara echar mano de alguno de estos recursos –o de todos a la vez–, se enfrentaría con la oposición del gobierno federal, que ha puesto especial énfasis en no hacerlo.

La Federación aplica un novedoso recurso para allegarse fondos sin utilizar el endeudamiento y sin aumentar o crear gravámenes: combatir la corrupción.

Ahora bien, si Morena resultara ganador, podría emplear el mismo procedimiento. Hay por ahí algunos hilos de manejos indebidos descubiertos por la Auditoría Superior de la Federación, sobre todo en Educación y Salud, que si el mandatario entrante los sabe jalar, desfondaría algún saco mal sostenido.

Pero si ganara el candidato de la alianza PRI-PRD, ¿se atrevería a hacerlo?

Otra probabilidad: si el sucesor de Astudillo Flores tiene buena relación con la Presidencia de la República, bien sería posible convencerla de que le facilite algún dinero para obras agrícolas u otras mejoras para el campo.

¿Estaría el PRI-PRD en esa posibilidad?

En fin, si el gobernador en funciones se queja de que ha tenido tiempos difíciles, el que viene no los tendrá mejor, pero el nivel de complejidad tendría que ver mucho con qué candidato resulte ganador. n