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Incongruencias y pretextos

Escrito por  Abr 19, 2021

Cuando no se quiere cumplir algo, sobran pretextos para eludir la responsabilidad; cuando se quiere, no faltan medios para llevarlo a cabo.

Así, el delegado de Transporte en la zona Norte, Alan Francisco De la Sancha Arzate, justificó que ha sido complicado que se cumpla con 50 por ciento del aforo en el servicio público de transporte en Taxco para evitar el contagio del Covid-19, debido a que, dijo, “es un asunto multifactorial de educación y social”.

Igual ocurre en Acapulco, la ciudad más grande de la entidad, y seguramente también en el resto del estado: no se ha cumplido en ningún momento, desde marzo de 2020 en que comenzó la pandemia, con las normas sanitarias establecidas por acuerdo del gobierno estatal: aplicación de gel, sana distancia, toma de temperatura y uso de cubreboca, entre otras publicadas en el Periódico Oficial.

En el caso de Taxco, De la Sancha Arzate lo atribuye a “un asunto multifactorial”, en el que incluye la educación y el aspecto social.

La realidad, los hechos del día a día y experiencias del pasado muestran que el incumplimiento es producto del vacío de autoridad.

El transporte público –dígase autobuses y taxis– es el resultado de concesiones otorgadas por el gobierno a particulares bajo ciertas condiciones.

El gobierno es, pues, el rector del transporte; sin embargo, ha dejado el control y el poder a los transportistas, que actúan bajo sus propias leyes y condiciones.

Ellos rigen.

Ellos mandan.

¿Qué tiene que ver la educación y el aspecto social que pretexta el delegado?

Si el operador no cumple las normas sanitarias, ¿no puede el gobierno ejercer su autoridad sobre el chofer y su patrón, o sea el concesionario?

Si el usuario se resiste a acatar las reglas, ¿no puede el chofer impedirle el abordaje?

Si un cliente no lleva cubreboca no entra a un banco; tampoco a un supermercado; lo mismo a una tienda de conveniencia.

Y la gente acata.

Entonces, ¿por qué no sucede lo mismo en el caso del transporte liviano, sobre todo?

Porque no hay quien los supervise y los obligue.

Si un banco, un supermercado, una tienda de conveniencia, no cumple, lo sancionan.

¿Y a un transportista por qué le ceden todo el poder de decisión?

A los centros nocturnos, a los bares, los restaurantes, no les quitan el ojo, ni el garrote, de encima.

El director de Reglamentos y Espectáculos de Acapulco, Alejandro Fabián Mujica, informó este domingo con mucho orgullo que suman ya 295 clausuras de negocios que han violado las reglas sanitarias?

Turismo municipal ha reconocido que hoteles han pasado por alto el aforo de ocupación.

Entonces ¿cuántas concesiones de autobuses o taxis han cancelado o multado? ¿Cuántos hoteles?

¿Por qué el gobierno no aplica el mismo rasero?

La incongruencia es tan obvia que si la autoridad tuviera un poco de decoro, en vez de buscar pretextos para mantenerse como simple observador, se dedicaría a cumplir su responsabilidad. n