Tiempos de guerra

Escrito por  May 03, 2021

No dejan de sorprender los señalamientos que el síndico administrativo de Acapulco con licencia, Javier Solorio Almazán, lanza al viento sin sustento alguno en el sentido de que alguien ha robado cada año 300 millones de pesos de las arcas municipales.

Podría considerársele oportunista y acusársele de que tuvo que pedir licencia al cargo y fracasar en su pretensión de obtener la candidatura a alcalde para desenfundar su espada flamígera y arremeter contra quienes fueron sus compañeros de partido, pero el morenista que saltó al PRI-PRD sostiene que, en su posición de síndico, denunció desde el principio la corrupción que existe en esta administración, ante la Auditoría Superior del Estado (ASE), la Auditoría Superior de la Federación (ASF), la Secretaría de la Función Pública (SFP) y ante los líderes partidistas “para no ser omiso”.

A simple vista, eso parece imprimir seriedad y certeza al planteamiento; no obstante, en ningún momento exhibe documento alguno en el que conste que efectivamente presentó las denuncias.

¿Cuándo las hizo llegar? ¿Quién le firmó de recibido? ¿Qué folio contiene cada oficio? ¿Por qué no dio seguimiento al caso?

Otro punto: ¿Cómo es que nunca se supo de esa información si, siendo tan comunicativo –tanto así que cada ocho días ofrecía conferencias de prensa para informar sobre su desempeño–, no llegó a tocar el tema?

De ninguna manera se insinúa –y menos aún se sostiene– que en la alcaldía todo sea honestidad, pero lo afirmado por Solorio Almazán tiene todo el perfil de vendetta.

El señor siempre navegó contra corriente en el ayuntamiento, pero ahora, tras el resbalón que se llevó en sus aspiraciones políticas, se muestra muy resentido, de ahí su paso a las filas de la alianza PRI-PRD.

De ser cierto, lo dicho por Solorio estaría exhibiendo al cuerpo edilicio también como omiso y corrupto, pues debió haber sido ante el mismo cuerpo colegiado que tuvo que presentar primero la acusación de malos manejos, y si lo hizo y sus compañeros regidores no procedieron, estarían situados en el deshonroso sitio de cómplices.

Pero resulta que no sólo de una trinchera emerge fuego.

Hace unos días, el titular del Órgano de Control Interno Municipal, Francisco Torres Valdés, aseveró que Solorio Almazán dejó 60 aviadores adscritos a su sindicatura, mismos que, afirmó, “andan en campaña y sólo se presentan a firmar su papeleta de pago en días de quincena”.

Torres Valdés no dijo si ha procedido para corregir la supuesta irregularidad.

Ahora bien, ¿tuvo que solicitar licencia el síndico para descubrir sus aparentes excesos?

Tal vez en el ayuntamiento todos sean muy íntegros, pero no lo aparentan.

¿Dicen la verdad o sólo se trata de bañarse de lodo mutuamente? n