Vendedores de ilusiones

Escrito por  May 18, 2021

Hay dos temas con los que los candidatos, sobre todo a alcaldes y gobernador, están obligados a ser sumamente cuidadosos en sus acercamientos con los electores.

El de la violencia y la inseguridad es uno de ellos.

Comprometerse a eliminarla constituye venderle ilusiones a la gente.

¿Por qué?

Simple y llanamente porque ni de los alcaldes ni del gobernador depende el combate, sino del gobierno federal, el que, para ese efecto, cuenta con el equipo humano y el material técnico y tecnológico.

¿De qué recursos dispone el gobierno estatal para esta tarea?

Con una Policía Estatal. Ni siquiera dispone ya, como antes, de la Policía Ministerial, que depende de la Fiscalía General de Justicia del Estado, que se convirtió en autónoma en 2016, cortando todo vínculo con la administración estatal.

En otras palabras, el gobernador en turno dejó de ser su jefe legalmente.

¿Cómo acabaría así con la delincuencia organizada?

No puede ni siquiera lidiar con las policías comunitarias, clasificadas como ilegales, pero que se multiplican como hongos por toda la entidad y operan con toda libertad cometiendo actos fuera de la ley.

¿Y la Policía Municipal?

Debiendo estar certificada toda, no cumple a estas alturas con este requisito que encomendaron a los municipios en 2016 al entrar en vigor el llamado nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio.

Nulo interés han dedicado los alcaldes a este asunto.

Cuando brota algún suceso violento en su jurisdicción corren a pedir ayuda al gobernador.

Peor estarán ahora que les anularon el Programa de Fortalecimiento para la Seguridad (Fortaseg), que representaba un ingreso anual superior a los 300 millones de pesos que deberían destinarse para compra de patrullas, uniformes y capacitación de agentes, entre otros rubros.

Concluyendo: es la Federación la que –con el Ejército, la Marina, la Guardia Nacional y la Policía Federal– encabeza, traza estrategias y dirige el combate a la delincuencia, con los resultados conocidos y el acontecer cotidiano que todos atestiguan.

Toca a municipios y gobierno estatal coordinarse con ellos y sumarse al final de la fila en las tareas de vigilancia.

Luego entonces, los candidatos deberían informarse bien de esta situación y moderarse en sus promesas de lograr la seguridad y la paz para los ciudadanos.

Cuando más, podrán convertirse en gestores para que el gobierno de la República los apoye en la seguridad.

Prometer más es regalar a los electores bolas de humo, y cuando éstas se disipen quedarán exhibidos como falsos y demagogos, aunque, claro está, ya habrán logrado su objetivo de alcanzar la silla anhelada, que es lo que realmente les importa. n