¿La tierra prometida?

Escrito por  May 20, 2021

Ya dejó el poder, más bien fue expulsado del poder por el voto de sus conciudadanos. Pero el espaldarazo que Donald Trump dio, siendo presidente de Estados Unidos, a la política expansionista –sionista le llamó en su tiempo el entonces presidente Luis Echeverría– al mudar la embajada estadunidense a la ciudad de Jerusalén desde Tel Aviv, a sabiendas de que esa decisión exacerbaría la irritación de los palestinos, que consideran a la Ciudad Santa como suya también.

Esa decisión acaso precipitó los hechos que han vuelto a convertir al Oriente Medio en un polvorín: un enfrentamiento con misiles explosivos entre Israel y el grupo islámico Hamás, que gobierna la Palestina en los hechos. Lo que más causa resquemor en el mundo que, azorado, observa cómo se trenzan en un combate de proyectiles explosivos Israel y el grupo Hamas, es la aparente ligereza de conciencia con que el gobierno de la nación hebrea castiga con dureza a los enemigos del Estado judío.

El gobierno israelí parece no recordar la circunstancias de la refundación de su nación apenas terminada la Segunda Guerra Mundial, cuando la suerte que corrieron millones de judíos en la Alemania hitleriana y en los países vecinos concitó la solidaridad del resto del mundo.

Hay, por supuesto, un abismo de diferencia entre las motivaciones y los alcances de las respuestas del Israel moderno a los ataques de sus enemigos, y las motivaciones del nazismo, que llevó al asesinato de millones de judíos en la hoguera.

Si bien la nación judía tiene todo el derecho a defenderse de las agresiones –tanto si proceden de ejércitos regulares como irregulares–, el hecho es que el origen de todo el encono en Oriente Medio es su sistemática violación del orden internacional, todas las resoluciones de la ONU que desaprueban la ocupación de territorios no incluidos en la asignación original que le dio la comunidad mundial representada por ese organismo.

Esa es la causa del conflicto, por más que el grupo Hamás ejerza la estrategia criminal de resguardarse tras la población civil para escapar de la respuesta militar y para, eventualmente, culpar a Israel de crímenes de lesa humanidad.

No se puede volver al pasado, no al menos en el mundo objetivo que vivimos: Israel ya no puede ocupar lo que alguna vez, hace miles de años, fue la tierra prometida. n