El canto del candidato

Escrito por  May 24, 2021

A menos de 15 días de las votaciones, las campañas de algunos continúan tan pobres que, al no despertar mayor interés en el electorado, los candidatos, con tal de llamar la atención, recurren al fácil expediente del chisme, a la acusación infundada y a la crítica burda hacia los opositores respecto a la forma de acercarse a la gente.

Olvidan que la preparación, el humanismo, las buenas formas, los valores, los principios, no se predican; se aplican.

Incapaces de profundizar en sus propuestas, voltean la mirada al opositor y, lejos de analizar la oferta política de éste y compararla con la suya buscando un efecto favorecedor entre los electores, echan mano de la chabacanería, la banalidad, la carencia de ingenio.

En vez de conectar el cerebro, utilizan el hígado.

Les arde, por ejemplo, que una candidata cante en sus actos y, aunque al mismo tiempo plantee sus propuestas y proyectos, consideran su actuación como algo propio de la farándula.

¿Acaso la autoridad electoral prohíbe cantar? Si es así, que dejen a quien corresponde sancionar al infractor; pero, si no, mejor harían en pulir sus propuestas y convencer a la población mediante méritos propios y no tratando de demeritar al de enfrente.

Tan inseguro de alcanzar el triunfo debe sentirse alguno por ahí que trata de ser gobernador no merced a su trayectoria política, a su hoja de servidor público, al trabajo efectuado durante su carrera, o bien a sus propuestas como candidato, no, sino cifra sus esperanzas de coronarse por default.

Sueña el amigo con que a la candidata puntera le lleguen a quitar la candidatura, aunque a todas luces no se escudriñe motivo para ello.

Esa es su apuesta.

Que la candidata cante en sus actos les parece poco serio.

Lo repiten tanto que han llegado a creer que si van por ahí con rostro adusto, severo, imperturbable, irán proyectando una imagen de seriedad, cuando bien podría confundirse con la frustración, la impotencia y el mal carácter.

Y ¿qué es la vida si no alegría?

Motivadores emocionales, e incluso la psicología del positivismo, consideran que los momentos alegres, emotivos, amorosos, amistosos, solidarios, son los que más cuentan en la vida del individuo.

Son los que valen la pena ser vividos.

Pisan en falso aquellos que pretenden crecer, no por lo que valen ellos mismos como seres humanos, como profesionistas, como servidores públicos, sino denigrando al opositor; se proponen llegar a la meta enlodando al que les lleva la delantera.

Y no es que actúen así ahora porque anden en campaña.

No, señor.

Así serían exactamente si alcanzaran el cargo.

La mentalidad no se cambia de un día para otro.

Si ahora jalonean al competidor, haciéndose ya del poder a los adversarios los tirarán y patearán en el piso.

Quizás cambien las formas, pero el fondo es el mismo. n