Dictadura y democracia

Escrito por  Jun 10, 2021

A lo largo de siglos de ensayar todo tipo de gobiernos, las sociedades humanas han evolucionado a una conclusión cierta: el menos perjudicial de los sistemas de gobierno es la democracia, más allá de cualquier debate acerca de los tipos de esta democracia.

No es un sistema perfecto, ni mucho menos. En general, puede dar resultados con una lentitud exasperante porque requiere de poner de acuerdo muchas voluntades, sobre todo en el parlamento –elemento característico de la democracia, que es, por definición, el gobierno del pueblo–, donde están representados todos los sectores sociales, o la mayoría.

Y esa exasperación con facilidad puede transitar hacia la decepción, de modo que puede generar en los gobernados el deseo de cambiar la democracia por otro tipo de gobierno.

Así es como, aun en tiempos modernos, sociedades han optado por dictaduras, con la esperanza de cambios veloces, si bien a veces las han permitido en modo inconsciente. El siglo pasado, sobre todo desde su comienzo hasta poco antes del final, se caracterizó por ello.

Un régimen dictatorial se caracteriza por carecer de contrapesos que balanceen el ejercicio del poder. Por eso algunos intelectuales han llegado a caracterizar al régimen priísta anterior a las reformas que dieron pie a la alternancia del año 2000 como una dictadura, porque el presidente de la República no tenía que compartir el poder, ni siquiera con el Congreso –de ahí derivaba el mote de “diputados levantadedos”–, y así podía tomar decisiones y hacer que se cumplieran de manera expedita, sin pedir permiso, sin pedir explicaciones y sin rendir cuentas.

En nuestro país, las elecciones del 6 de junio han demostrado que nuestro sistema electoral, su entramado legal, es sólido y funciona. La confrontación de propuestas y de ideas perfila una Cámara de Diputados, en el ámbito federal, plural y diversa, de modo que las fuerzas políticas que la integrarán han de verse obligadas a parlamentar –haciendo honor a la denominación dada a esa instancia de gobierno: parlamento–, a dialogar y a negociar, para llegar a acuerdos.

El mismo presidente Andrés Manuel López Obrador lo dijo el martes en su conferencia de prensa mañanera al deslizar la posibilidad de que su partido, Morena, pacte con el PRI o con otra fuerza política los cambios constitucionales que se propone llevar adelante.

El resultado, por supuesto, será un proceso más lento, por todo lo que implica. Y será conveniente explicarlo a los ciudadanos cuantas veces sea necesario, hasta que el concepto sea asimilado. No hacerlo puede desembocar, otra vez, en exasperación social.

Sólo cabe esperar que el partido aludido por el Presidente, el PRI, recuerde que tiene un pacto previo con otras dos formaciones políticas para hacer bloque en el Congreso: el PAN y el PRD. Verdaderamente democrático sería no dejarlas al margen de ninguna negociación con el Poder Ejecutivo. n