La rifa del tigre

Escrito por  Jun 14, 2021

Finalmente, como marcaba la tendencia, la balanza terminó de inclinarse a favor de Evelyn Salgado Pineda.

Ya no son suposiciones, ni buenos deseos.

Tampoco avances, tendencias, ni parcialidades.

El Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Guerrero le entregó ayer la constancia que la acredita como gobernadora electa.

A partir de ya, es otra la página que se escribe de Guerrero.

En consecuencia, Salgado Pineda ha reiterado su llamado a la conciliación y a la unidad de los guerrerenses en general y de quienes fueron sus opositores en la contienda en particular.

Es hora, pues, de enterrar el hacha, para dedicarse al trabajo en bien de la entidad.

Muchos problemas han acarreado ya la violencia y la pandemia de Covid-19 como para sumarle otros que pudieran derivarse de la inconformidad por no haber ganado la contienda.

Viene uno más que no alcanza todavía a advertirse, pero que es un hecho: el atraso educativo derivado de la suspensión de clases presenciales.

Habrá que sumar el desempleo generado por la pandemia y la falta de apoyo a las empresas.

Todos estos problemas y los demás que de por sí han agobiado a la entidad y la han mantenido hundida en el rezago golpearán de frente al gobierno de la morenista.

Su administración no será, de ninguna manera, un paseo por La Quebrada de Acapulco.

Evelyn recibió ayer una constancia, no una varita mágica para solucionar todos los problemas del estado.

Por otra parte, no todos ellos se circunscriben al ámbito de la competencia del Poder Ejecutivo, sino que corresponde atenderlos al gobierno de la República.

En este marco de responsabilidades, habrá que incluir a los presidentes municipales que, lejos de contribuir a que haya buenos resultados a nivel estatal, se llegan a convertir en obstáculos al aprovecharse de la autonomía municipal.

¿Un ejemplo irrebatible? La certificación de las policías municipales.

En este y en otros temas deberá entrar en juego la destreza y la habilidad política de la gobernadora y su poder de gestión ante el gobierno federal.

La población no sabe a quién competa resolver los problemas, y, en el último de los casos, tampoco le importa; lo que quiere son soluciones, no explicaciones, ni argumentos.

Y con ello tiene que salir al ruedo la Torita sin permitir que le planten una sola banderilla. n