La verdad histórica

Escrito por  Jun 17, 2021

Conforme el actual gobierno federal ha avanzado las investigaciones sobre el caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, ha quedado cada vez más claro que la versión repudiada por buena parte de la sociedad con el uso irónico de la denominación que empleó en su momento el entonces procurador general de la República Jesús Murillo Karam, como “la verdad histórica”, en realidad no es tan lejana de la verdad verdadera.

Este martes, la Fiscalía General de la República confirmó lo que hace seis años era un indicio con apenas 17 por ciento de probabilidad: que un fragmento chamuscado de hueso correspondía al estudiante Jhosivani Guerrero de la Cruz.

Ya un año antes, el laboratorio al que el gobierno mexicano ha encargado la identificación de los restos había también determinado que otro fragmento óseo correspondía al estudiante Christian Alfonso Rodríguez Telumbre.

Pero el primero en ser reconocido fue Alexander Mora Venancio, en 2015, al mismo tiempo que el laboratorio estableció la posibilidad de que otro vestigio fuera de Jhosivani.

Así, el gobierno federal anterior logró la plena identificación de uno y la identificación parcial de los otros dos. De la confirmación de estos últimos se ha encargado la administración federal en vigencia desde finales de 2018.

Pero si en este aspecto no ha habido discrepancia –pues una conclusión muy plausible es que los tres jóvenes fueron asesinados y sus cuerpos triturados–, sí la ha habido en otros:

El primero y quizá más significativo es que, en el caso de Jhosivani, la confirmación de su identidad se hizo a partir de una vértebra que no había sido expuesta al fuego, al menos no de manera directa, lo cual facilitó el trabajo del laboratorio. ¿Significa ello que el cuerpo no fue incinerado, como indicaba la versión final de Murillo Karam? ¿Significa que unos cadáveres fueron quemados y otros no?

El otro aspecto de discrepancia es el sitio del que fue levantada la vértebra que llevó a la identificación: en la barranca de La Carnicería, que se ubica a unos 800 metros del tiradero a cielo abierto de la cabecera de Cocula, donde según la antigua versión ocurrieron los hechos. No es una gran distancia, es verdad, pero no es poca cosa tampoco. Parece confirmar que, en ese punto, la verdad histórica no era verdad.

Y eso no es poca cosa. n