Magia en turismo

Escrito por  Jun 29, 2021

La afirmación del secretario de Turismo municipal de Acapulco, José Luis Basilio Talavera, respecto a que el repunte de ocupación hotelera este fin de semana se debió a las medidas sanitarias anti Covid-19, son mera ficción.

¿En qué elementos se apoya el funcionario para formular tal declaración?

No lo expone.

Si se respaldara en un sondeo entre paseantes que arrojaran esta revelación, por ejemplo, o algún otro procedimiento medible, bien podría pensarse que su dicho es realidad.

Aunque también podría pensarse que ha sido porque en la Ciudad de México el semáforo epidemiológico regresó de verde a amarillo y los capitalinos buscaron la manera de eludir el contagio así sea por unos días, viniéndose al puerto a pasar unos días de asueto.

Las razones no dejan de ser un enigma.

Al no haber mediciones no puede haber control.

Ni siquiera puede confiarse en que el repunte sea a 67.6 por ciento de ocupación, porque los funcionarios turísticos carecen de credibilidad.

Antes, sexenios atrás, organizaciones de hoteleros proporcionaban sus ocupaciones para su difusión; el gobierno hacía lo mismo, pero al no coincidir los porcentajes de los dos sectores, el oficial decidió concentrar en su poder los informes para ser él quien los manejara a su criterio exclusivamente, y amordazó a la hotelería.

Igual no deja de sorprender la precisión con que la Secretaría de Turismo estatal ha manejado la cifra de visitantes que en determinadas fechas o temporadas ha tenido Guerrero, al igual que la derrama económica que los paseantes han generado.

No difunde aproximaciones, sino cantidades exactas, sin descubrir nunca los procedimientos de que se vale para obtener los resultados.

La colectividad local fundamenta su percepción sobre qué tantos paseantes hay –pocos, regulares o muchos– observando los autos estacionados en la Costera y su procedencia contenida en las placas; asimismo, viendo la gente que camina por las avenidas turísticas, la ocupación de restaurantes y, desde luego, la afluencia de bañistas en playas.

Pero los funcionarios ¿en que fundamentan su información, sus estadísticas tan aplastantes?

Ni siquiera en la ocupación hotelera pueden calcular la afluencia porque, como es bien sabido, no pocos son los turistas que se hospedan en casas de amigos o familiares, así como en sitios que escapan totalmente al control gubernamental: la llamada hotelería informal, respecto a la que nadie sabe dónde se localiza –ni siquiera el SAT–,  tampoco quién la administra.

No obstante, entre lo más importante de todo ello está el hecho de que no se sabe cuántos vienen, cuánto gastan, ni dónde duermen, pero su presencia se siente en el bolsillo de los guerrerenses. n