Covid: de mal en peor

Escrito por  Jul 20, 2021

En respuesta al aumento de contagios de Covid-19, el Consejo de Salud Estatal regresó del semáforo epidemiológico verde al amarillo, que abarcará del 19 de julio al 1º de agosto.

El retroceso implica la modificación de porcentajes de ocupación, aforos y horarios de actividades esenciales y no esenciales.

Queda claro que, para las autoridades, será una tarea imposible de cumplir si no cuenta con la colaboración de la población residente y flotante, en cuyas manos queda prácticamente impedir el avance de la pandemia.

¿De qué hablamos?

De que el acuerdo del Poder Ejecutivo con las nuevas disposiciones constituye un decálogo de medidas cuidadosamente elaborado, cuyo cumplimiento está fuera del alcance del gobierno sin la participación de la gente.

Controlar los horarios y aforos de actividades en establecimientos cerrados, como bancos, supermercados, tiendas de autoservicio, tiendas departamentales, almacenes y centros comerciales, por mencionar algunos, podría cumplirse con relativa facilidad, pero hacer respetar los aforos y ocupaciones en sitios como hoteles, condominios, cuartos en renta, mercados, plazas públicas, playas y transporte público, representa una tarea titánica.

¿Cómo contener a la avalancha de visitantes que quieren ingresar a la zona de playa? ¿Cómo obligarlos a que usen cubrebocas, por decir lo menos?

¿Cuántos guardias, empleados públicos, policías, guardias nacionales, marinos y soldados se requerirían para controlar el ingreso, la aplicación de medidas sanitarias y la permanencia de usuarios en mercados municipales?

¿Cómo aplicar la norma gubernamental de guardar la sana distancia en el sistema de transporte Acabús?

¿De cuántos agentes se necesita echar mano para obligar a taxistas y operadores de urvans y autobuses urbanos a someterse a la norma?

De ahí la importancia de que toda la población atienda y lleve a la prática cotidiana las recomendaciones de las autoridades sanitarias.

Al final de cuentas, el gobierno podría argumentar que, definiendo normas de protección, aplicando pruebas y atendiendo hospitalizaciones, está haciendo su parte, y si la gente no hace la suya, no tendrá más que atestiguar cómo familiares y amigos van muriendo y llenando los panteones.

¿A quién le dolerá más? n