Rezos, ¿parte de la nueva estrategia?

Escrito por  Ago 31, 2017

Si alcanzar la paz fuera cuestión exclusivamente de espiritualidad, indudable sería que la iglesia católica desempeñaría un papel relevante.

Empero, la paz que busca la población reside no en su interior, sino en el exterior, allá donde corresponde otorgarla al gobierno, mediante el uso de la autoridad, el poder y la fuerza derivada de los recursos públicos, el aparato de justicia y los elementos de seguridad.

Es plausible, desde luego, que la Diócesis de Acapulco, encabezada ahora por monseñor Leopoldo González, exprese su disposición a mediar para que los grupos delincuenciales mediante el diálogo se aparten del camino de la violencia, cuando es bien sabido que el crimen organizado no es diálogo lo que requiere, sino dinero y poder.

Resulta loable la posición del prelado toda vez que el diálogo, el convencimiento, las oraciones y las marchas invocando la paz, son los elementos con que la iglesia católica cuenta para contribuir al bienestar de la feligresía.

La iglesia no maneja fuerzas militares ni policiacas, tampoco dispone del dinero de los contribuyentes ni maneja los tribunales cuya misión es procurar justicia y velar por el respeto a la ley, por eso es entendible que constriña su papel al uso del diálogo.

Tiene razón el investigador de la UAGro Camilo Valqui Cachi, al afirmar tajante que “la violencia no se va a erradicar ni con buena fe, ni rezos, ni eventos culturales ni educativos”.

Es, pues, el gobierno el que, contando con todos esos recursos, debe hacerse responsable de establecer el orden y la paz, la armonía y la concordia, haciendo respetar la ley y procurando justicia.

No obstante, si bien ha movilizado a las fuerzas de seguridad, no ha sido capaz de meter orden; si antes cada vez que se recrudecía la violencia anunciaba reforzar la vigilancia y cambiar la estrategia del combate, ahora se concreta a mencionar que se está, haciendo esfuerzos, se está trabajando, para superar la inseguridad, cuando lo que cuenta no son ni las buenas intenciones ni siquiera el esfuerzo, sino los resultados. n